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Rafael Sánchez Cárdenas
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Viernes, 31 de Mayo de 2013
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Hace mucho tiempo que no se producía un encuentro sobre energía tan interesante como el que sostuvieron, en el marco del Desayuno de la Cámara Americana de Comercio, dos representantes del sector generador de electricidad.

Marcos de la Rosa, representante de AES, con luz, realismo, y se pudiera agregar con responsabilidad, hizo una exposición destacable y simple. Dijo, que al pasar de un 90% de generación con petróleo en 2003 a un 45% en 2012, el país se ahorró la friolera de US$600 millones de dólares.

 Es decir, que si la matriz de generación  en base a gas natural y carbón se llevara a un 90%, el ahorro nacional sería de unos US$1,200 millones de dólares.

Esto significa, que prácticamente ese ahorro por cambio de la matriz de generación es equivalente al subsidio eléctrico anual. Y eso sería algo así como una suerte de “despojo” para este castigado pueblo.

Señaló que: “la capacidad de generación actual era insuficiente para atender en forma económica toda la demanda”. Y dijo más: “desde 2003 no se ha instalado nueva capacidad de generación de base” (El Caribe, 22/5/13 Pág. 18).

¡Está claro! Con la matriz actual fundada en generación con combustibles caros y plantas obsoletas no se podrá nunca, pero jamás, servir  de manera “económica” la demanda. Los déficits eléctricos serán obligatorios en el marco actual de operación del sistema, como se puede deducir fácilmente de los datos ofrecidos.

Generando con esa estructura seguiremos sufriendo apagones, desangrando el erario y los bolsillos de las familias, mermando la competitividad sistémica. En este momento, ningún factor trastorna más la competitividad que la electricidad.

Y aún no hablamos de los déficits de distribución y su corrección.

Por suerte, el señor Sanjurjo, representante de EgeHaina y contraparte de AES en el Diálogo, asumió la tesis de que el “real problema del sistema son los déficits de las distribuidoras” y que “los costos de generación no son la causa del déficit”. Y ejemplificó con los US$170 millones de déficits anuales de Edeeste.

Ciertamente, nadie puede argüir contra la realidad de los déficits en distribución. Corregir las pérdidas en distribución constituye el otro eje del problema. Que tiene, al parecer, dos brazos: robo y pérdida técnica. Y ambos deben confrontarse con decisión.

Pero no se puede aceptar el criterio de la causalidad única del problema basados en el déficit de distribución.

Cuanto más alta la tarifa, más dificultades de cobro para las distribuidoras. Más

resistencias al cumplimiento del pago de las facturas por el público debido a lo oneroso del mismo.

Gobierno y distribuidoras deben avanzar en el control de los déficits en Edeeste y Edesur.

Tanta es la necesidad de cambio de la matriz de generación como de controlar las pérdidas en la distribución. Son partes enfermas de un mismo cuerpo económico, que está afectando a profundidad el interés general.

La idea rancia de que el estado no debe intervenir en la generación y convertirse en un competidor del mercado es ideología pura.

No hay razón válida para exigir una no intervención del estado, cuando el interés social y general está tan perjudicado, como lo está, con la tragedia del sistema eléctrico dominicano.

 

 

Perspectiva Ciudadana