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Rafael Sánchez Cárdenas
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Jueves, 27 de Septiembre de 2012
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La gran tragedia de los países tercermundistas está estrechamente vinculada a los niveles de distribución de rentas y/o de inversión de capitales en el desarrollo de infraestructuras, recursos humanos y tecnologías modernas.

 Sin inversión de capital, público o privado, la economía se resiente. Sin equidad, el desarrollo humano, la cohesión social y la gobernabilidad democrática estarán amenazados permanentemente.

Pero casi sin darnos cuenta, los organismos internacionales han generalizado metodologías de mediciones y posteriormente de calificaciones y clasificaciones que sirven a una contención del apoyo financiero que necesitan los países pobres de las naciones ricas.

Con esos procedimientos, artificialmente, nos colocan en la condición de “acomodados” y dejados al desamparo en la lucha contra una pobreza que sabemos supera el 40% de nuestra población. Es lo que oculta la clasificación de “país de desarrollo medio” y que entalla a la perfección a  aquellos  llamados a colaborar en la eliminación de la pobreza, no importa dónde  y a qué niveles se manifieste.

En el entramado económico-financiero actual es mayor el flujo de capitales desde la periferia pobre hacia el centro rico, que a lo inverso. Por el pago de las deudas, por el flujo mayor de las exportaciones del centro a la periferia en un esquema de intercambio desigual, que solo la cooperación y la ayuda constantes pueden sugerir alguna compensación a la inequidad reinante.

El mejor negocio que el capitalismo actual puede realizar es la eliminación de la pobreza, una gran fuente de legitimidad sistémica.

La Asamblea General de Naciones Unidas es el Foro por excelencia para socializar los problemas denunciados y resaltados por el Presidente Medina en su excelente discurso, coherente con su línea de campaña y su ejercicio de gobierno…Un magnífico discurso.

Perspectiva Ciudadana