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Rafael Sanchez Cardenas
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Viernes, 26 de Octubre de 2012
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Hay en la política tantos pecados, tan larga historia, que parece ser el único espacio sin redención posible. Han vivido y comido del banquete como comensales de segunda…Con sus honradas excepciones.

 Se han ganado la desconfianza propiciando y tolerando formas y esencias que poco tienen que ver con el interés general.

Al amparo de esas cosas, el sector económico ha enriquecido de tal manera y con tanto empeño, que ha llegado a pensar y asumir como sagrado e intocable el modelo que le ha conferido, con gran inequidad social, oro abundante y pretendidamente sahumado.

Es más, han reconocido los grandes beneficios que el modelo le ha reportado. Un inequívoco contrapunto de los retrasos del desarrollo humano dominicano.

No hay en la historia democrática nacional un solo presidente o gobierno que haya podido ufanarse de contar con recursos fiscales adecuados. Siempre menguados, insuficientes para afrontar la cola de necesidades sociales insatisfechas y que de año en año el modelo ha venido alimentando.

Todos sabemos que la mayoría de la nación es pobre o sobrevive precariamente, pero no queremos asumir el compromiso de su resolución con sentido racional y decidido.

Los beneficiarios del modelo se atrincheran en la defensa del mismo, sin darse cuenta de la oportunidad de producir un cambio. Una cómoda inercia.

El eje y soporte de los tributos dominicanos han sido los impuestos indirectos, los que penalizan el consumo, no al patrimonio o a las rentas altas. Y pretenden pagar impuestos al entregar el 71% de la carga impositiva a condición de retenedores de lo que otros pagan.

Hablan de desarrollo y competitividad sangrando los escasos recursos fiscales del Estado, limitando financieramente la inversión social necesaria y aventando la idea de un supuesto gasto público descomunal, mientras dan de lado a la inequitativa e insostenible estructura tributaria nacional.

¿Será posible que se piense y defienda la idea de que todo el problema fiscal nacional se reduce al abuso en el gasto, ignorando  a posta, que la presión fiscal dominicana es de un 13.2%?  Es decir, casi diez (10) puntos menos que la media latinoamericana.

La verdadera inercia e injusticia del modelo económico dominicano radica, justamente, en la baja presión fiscal. Es esa una de las causas del endeudamiento o bien del acumulo de los déficits sociales.

Sin mayor y más progresiva presión fiscal el desarrollo es insostenible. Un Estado anémico, sin sostenibilidad fiscal adecuada, es lo más parecido al fracaso de una nación entera.

Aquellos que pretenden ignorar las señales claras de voluntad de cambio desde el Estado, asumiendo la de llevar a Danilo al confesionario a purgar los pecados del pasado, viven como los cristianos que encontraron al Pablo que iba a Damasco y ciego. Temían más al pasado y lo conocido, que a lo nuevo que asomaba ante sus ojos. Miraban, pero no podían ver.

No hay peor inercia que una conciencia enceguecida por la comodidad de un modelo que le beneficia. Lo extraño, sin embargo, es la alianza de los ciegos por lo mullido de su modelo con los cegados por la politiquería sin sentido estratégico.

Vivimos en un jardín de la ceguera.

Palabras Clave: 
Perspectiva Ciudadana