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Frank Pacheco
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Jueves, 22 de Agosto de 2019
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Existe un viejo relato, cuya autoría se desconoce, que tiene una moraleja bastante interesante.

“Un hombre observó que un toro bravo venía directamente hacia él con la intención de atacarlo. Como el hombre veía doble, en vez de mirar un toro miró dos: el toro que era y el toro que no era. Para evitar la embestida, se echó a correr y alcanzó a ver una casa con la ventana abierta; como veía doble, miró dos ventanas: la ventana que era y la ventana que no era… desesperado, se lanzó por la ventana que no era y se topó con el toro que era”.

El lector se imaginará el funesto destino del pobre hombre, cuya desesperación lo llevó a tomar la ventana equivocada.

Es oportuno recordar este microrrelato que tiene una peculiar enseñanza. Y es oportuno recordar el texto porque hoy en el zoológico político dominicano (como diría el buen amigo Guillermo Ricart) está quien representa el hombre que veía doble y quien representa el toro.

Un personaje, cuyo nombre no será necesario mencionar, padece de una ceguera política que le impide ver con claridad la realidad. Alejado de la verdad, está mirando ventanas donde no hay y corre hacia un azaroso final.

En las primarias del PLD, a celebrarse el 6 de octubre, hay un hombre que ve doble en minoría y un toro bravo en mayoría. El desenlace de esta historia ya lo conocemos: el hombre terminará lanzándose por la ventana que no es y topándose con el toro que es.  

Perspectiva Ciudadana