|
Frank Pacheco
| |
Domingo, 08 de Septiembre de 2019
|

 

El Partido de la Liberación Dominicana (PLD) fue concebido a principios de los años 70 por el profesor Juan Bosch como la organización política que adecentaría el Estado dominicano. Sería un movimiento nacido del pueblo cuyo único fin sería romper las cadenas de una Patria centenaria que aún no había superado el analfabetismo; donde no había acceso general a la salud, la educación, la vivienda y otros aspectos.

En el 1973, el profesor Bosch, con 64 años de edad, decide romper con el histórico PRD, no sin antes hacer duras críticas a ese partido. Se dedica el maestro, con su visión prístina de futuro, su energía y su experiencia de más de medio siglo, a forjar un partido organizado, con la misión histórica de parir los líderes del mañana. Y así fue.

El PLD nació grande, no de gente sino de ideas. Por primera vez en el país germinó desde los barrios y los campos un movimiento de tal naturaleza, consagrado a la formación política de jóvenes y adultos; un partido financiado por el pueblo dominicano, una organización que exigía a sus miembros participar en círculos de estudio y atender, mantener y despachar desde los locales que los mismo miembros a fuerza de sacrificio costeaban.

Llegado el momento, la circunstancia histórica permitió que el PLD alcanzara el poder. Depositó el pueblo dominicano su esperanza en aquel partido que tanto había servido desde los barrios con dirigentes comprometidos y solidarios: verdaderos cuadros políticos.

En el 1996 el partido conquista de forma democrática el Palacio Nacional y los valiosos cuadros políticos del PLD pasan entonces a formar parte del Gobierno. En los afanes gubernamentales y alguna que otra pifia y abandono de los principios básicos de ese organismo político se perdió el trabajo comunitario.

La formación política que inauguró Juan Bosch, sabiendo que ella haría libre y consciente al pueblo dominicano, lamentablemente, se fue al carajo.

A pesar de los vaivenes, de los aciertos y los graves desaciertos de los gobiernos de Leonel Fernández, el PLD logró continuar en el poder en el 2012 y desde ese año hasta la fecha usted, amigo lector, conoce la historia: tanda extendida, estancias infantiles, plan de alfabetización, banca solidaria, entrega de títulos, visitas sorpresa, etc.

Si la verdad merece honor, en honor a la verdad, el actual ha sido el Gobierno que más ha trabajado en resolver los problemas fundamentales e históricos de nuestro país. No hay área que se pueda decir que el Gobierno haya dejado atrás. Hablamos de un trabajo colosal a favor del pueblo dominicano.

El presidente Danilo Medina ha instaurado una nueva forma de gobernar: cercano, frugal y solidario. Sin embargo, es lastimoso ver cómo cualquiera toma la palabra para desbocarse distorsionando la verdad o inventando cualquier cosa para desacreditar al Gobierno.

Lamentablemente, sus palabras causan impacto en ciertos sectores de la sociedad que no están claros sobre qué es lo que sucede realmente en el país, la transformación que vivimos y el avance hacia la consolidación cada vez más de nuestra democracia.

Hoy, a casi 25 años de haber llegado por primera vez al poder, hace falta más que nunca la alfabetización política de la gente, y su organización para defender las conquistas alcanzadas. Ha sido éste el severo error del PLD en un cuarto de siglo: dejar a su suerte a los cuadros políticos, los círculos de estudio y la orientación sobre el compromiso ciudadano. Ahora, en el Gobierno de Medina, con la materialización de muchas de las ideas que planteaba el profesor Bosch, el PLD debe retomar el camino de la educación política.

Perspectiva Ciudadana