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Pedro Luis Castellanos
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Lunes, 25 de Junio de 2012
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La propuesta programática del Presidente electo, Danilo Medina, parte de asumir la necesidad de sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo. Esta convicción surge de las numerosas evidencias de que el modelo actual esta dando muestras de agotamiento. Entre ellas, la limitada capacidad para generar puestos de trabajo dignos, la pérdida progresiva de competitividad de nuestro aparato productivo de bienes y servicios, en una época que acuerdos internacionales conllevarán la eliminación progresiva de las barreras arancelarias, y la limitada articulación entre los diversos sectores de nuestra economía,  en un escenario internacional de incertidumbres sobre la cooperación internacional, la severidad de la competencia y la accesibilidad y precios de alimentos y otros insumos básicos.

Una consecuencia dolorosa de estas limitaciones, es la persistencia de una elevada proporción de la población en condiciones de pobreza, y las dificultades de las clases medias para sostener el nivel de vida que aspiran y por el cual se han esforzado, lo que a su ve se traduce en un achicamiento de nuestro mercado interno y de las capacidades  de nuestra población para la empleabilidad y para generar e incorporar innovación.

De allí, que un componente esencial de la propuesta programática es alcanzar grandes acuerdos nacionales sobre una agenda común de desarrollo que vaya mas allá de un periodo de gobierno, basada en el Estrategia Nacional de Desarrollo, y que en el corto plazo debería traducirse en compromisos de todos los sectores de nuestra sociedad para alcanzar la grandes metas sociales y económicas planteadas para los próximos 4 años:  Sacar de la pobreza a 1.5 millones de personas, generar 400,000 puestos de trabajo dignos, desarrollar un sistema educativo incluyente y con calidad, y un sistema de salud mas efectivo, accesible a todas las familias y que no afecte críticamente el presupuesto familiar, y mantener un crecimiento del I alrededor de 4.5 promedio anual.

Una expresión clara de la voluntad y compromiso de los diversos sectores sociales para alcanzar las  metas planteadas, será consensuar lo más pronto posible, sobre una reforma fiscal integral, que sustente a su vez un pacto por la educación y uno por la electricidad.

Parte importante de estos acuerdos, al mismo tiempo que consensuar como mejorar la disponibilidad presupuestaria para cumplir las metas previstas, será consensuar simultáneamente como elevar la calidad del gasto público.

En este contexto, es importante reflexionar sobre como podemos fortalecer la calidad de nuestras políticas sociales, ya que las mismas constituyen una importante proporción del gasto publico, pero  también porque ellas son esenciales para sentar las bases del nuevo modelo de desarrollo y alcanzar las metas sociales y las económicas.

Tal vez lo primero es comprender que las políticas sociales son primordialmente instrumentos de gestión pública, es decir del Estado, para construir y fortalecer la calidad de la ciudadanía. No pueden ser vistas  solo como proyectos o programas de alivio a la pobreza, de corte predominantemente asistencial, sino como expresión de derechos y del compromiso nacional por reducir la exclusión social, generando capacidades y oportunidades, y de ampliar y defender las clases medias y la calidad de vida.

Otro aspecto a reflexionar es la composición de las políticas sociales. Deben comprender programas con vocación universal, para toda la ciudadanía, y programas de carácter focalizado en familias y comunidades más rezagadas y excluidas, para fortalecer la inclusión social, sus posibilidades de acceder con equidad las oportunidades que brindan la sociedad y la economía.

Los programas focalizados incluyen aquellos que como Solidaridad y Progresando enfatizan en la focalización a nivel familiar, con base predominantemente en el nivel de ingresos y por lo tanto van dirigidos a reducir la pobreza monetaria, y aquellos que focalizan en comunidades empobrecidas y que enfatizan en la focalización por criterios de desarrollo local, por ejemplo:  comunidades aledañas a los ríos y en condiciones de alta vulnerabilidad,  comunidades fronterizas, entre otras.

Los programas de vocación universal más típicos son aquellos de carácter sectorial que se orientan a desarrollar sistemas de servicios públicos de calidad para toda la ciudadanía, por ejemplo el sistema educativo, el sistema de salud, entre otros.

La combinación armónica de todas estas intervenciones redundaría en mayor impacto y mayor eficiencia del gasto social.

Sin embargo,  es necesario además lograr una coherencia entre las políticas sociales y las políticas económicas. Por ejemplo, generar en forma masiva puestos de trabajo digno, es esencialmente una orientación de las políticas económicas, sin embargo fortalecer la empleabilidad, sobre todo de jóvenes y mujeres, como se plantea en la propuesta programática del Presidente electo, son políticas sociales, que se vinculan al sistema educativo y el de salud, y otros. Así mismo, los programas focalizados deben ser conceptualizados como temporales, toda vez que deben orientarse a generar capacidades  para que las familias y comunidades empobrecidas mejoren su articulación con el mercado de trabajo, de forma tal que se establezca una suerte de continuidad entre los programas focalizados, los de desarrollo local y los estímulos  al aparato económico para generar oportunidades de empleo, de autoempleo y en la economía solidaria.

Elevar la calidad de vida de las personas, familias y comunidades empobrecidas  persigue en primer lugar dignificar la vida, como derecho humano, pero es al mismo tiempo una política de expansión del mercado interno y de contribuir a reorientar los perfiles de consumo, y por lo tanto una forma de estimular la producción de alimentos, bienes industrializados y servicios.

Con todo lo anterior podemos comprender la importancia de la coordinación estrecha de todos los entes públicos que ejecutan intervenciones de políticas sociales, y de ellos con los que ejecutan políticas económicas. Este es exactamente el principal papel de un Gabinete Social fortalecido y revitalizado. En él deben estar representados todos los entes mencionados, del campo de lo social y de lo económico. Para fortalecer la coordinación entre los diversos entes públicos y privados interesados en las políticas sociales, en un campo especifico, por ejemplo la niñez y adolescencia, o los adultos mayores, o las personas con discapacidades, el mejor espacio podrían ser los Consejos nacionales. Estos Consejos, deben ser claves para la definición de políticas y estrategias mejor articuladas. Sin embargo, no parece adecuado que los Consejos asumen responsabilidades de ejecución de intervenciones y prestación de servicios. Estas deben ser funciones de órganos institucionales mas directamente incorporados a los Ministerios respectivos, para asegurar una menor duplicación de unidades administrativas y de actividades, y para asegurar que están debidamente enmarcadas en los lineamientos definidos para la gestión publica por los entes especializados correspondientes, tales como el Ministerio de Administración Publica.

No se trata solo, por lo tanto, de otorgar suficiente prioridad política y recursos presupuestarios a las políticas sociales, es necesario además avanzar en transformaciones en la estructura de la gestión de las mismas, así como en sus tradiciones administrativas, para aumentar su efectividad y el uso mas eficiente de los recursos.

Con estos criterios, podemos aproximarnos mejor a identificar aquellas cosas que deben ser continuadas, las que ameritan ser corregidas, y las nuevas acciones y formas de gestión que deben ser desarrolladas. Hacer mas de lo mismo solo conducirá a mas de los mismos resultados y en forma cada vez menos eficiente, debido a la Ley de rendimiento decreciente. Es necesario que, como sociedad y como gobierno, nos atrevamos a asumir los esfuerzos necesarios para transformar estructural y funcionalmente la gestión de las políticas sociales. Sin temores, abiertos a construir los consensos necesarios, dispuestos a reconocer cuando un aporte es mejor que las ideas que se nos pudieran haber ocurrido, pero con firmeza, sin dejar para mañana lo que debe ser hecho hoy, sin perdida de tiempo, ni contemplación y pasividad ante las dificultades.

Perspectiva Ciudadana