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Pedro Luis Castellanos
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Domingo, 29 de Julio de 2012
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La educación es el nuevo nombre de la libertad, ha dicho Danilo Medina, Presidente electo, quien asumirá el próximo 16 de agosto.  Esta es una afirmación absolutamente valida, que  cuenta con el respaldo de la mayoría de nuestros conciudadanos.

La pobreza es el principal  factor de exclusión social en nuestro país. La exclusión social se reproduce al reproducirse la pobreza y las inequidades sociales.  La pobreza existe porque la dinámica económica y social crea condiciones en las cuales grandes sectores de nuestra población son excluidos, no es una condición  de la condición humana, ni producto de designios sobre humanos.  Nosotros, las personas, al interactuar como sociedad, la producimos y reproducimos. En su esencia, la pobreza y la exclusión se reproducen por la  falta de capacidades y de oportunidades y no solamente por la falta de ingresos. 

La educación ha sido por mucho tiempo considerada una de las vías más importantes para  superar la pobreza y la exclusión. En el contexto latinoamericano, se considera que un hijo de familia empobrecida, requerirá unos 12 años de estudios para superar la condición de sus progenitores.  Para incorporarse al mercado laboral y al mundo del trabajo, en condiciones de relativa equidad. Visto así, el acceso a la educación básica y media, constituye un derecho humano, y una de las palancas clave para impulsar el desarrollo.

Sin embargo, no basta con tener acceso al sistema educativo, es necesario permanecer en el, por el tiempo suficiente, y también se requiere que la educación sea de calidad y se traduzca en aprendizaje  y desarrollo de habilidades y capacidades para la vida y el trabajo.

Cuando un sistema educativo es segmentado de acuerdo con la capacidad de pago de las familias, y cuando esta segmentación se refleja en la calidad del aprendizaje,  está contribuyendo a la reproducción de las inequidades sociales, y debilitando su función de nivelador social.  Muchos pensamos que nuestro sistema educativo, no obstante los innegables avances en ampliar el acceso y cobertura de la población en edad escolar, contribuye a reproducir las desigualdades en el seno de la sociedad. 

Cuando un niño o niña, accede a una atención integral en su primera infancia, mientras es menor de 3 años, el desarrollo de sus capacidades será , en la mayoría de los casos, cualitativamente superior a las de un niño o niña que en ese periodo de su vida no tuvo acceso a estimulación psicomotriz, buena nutrición y apoyo afectivo. Nuestro país ha avanzado mucho en la instalación y desarrollo de servicios de atención de la primera infancia, pero prácticamente todos los centros disponibles son privados y requieren el pago de tales servicios.  Los niños y niñas de familias que no tienen capacidad de pagar, difícilmente  tienen acceso. Así comienza la ruta de la desigualdad  vinculada a la educación.

Si comparamos la educación básica y media en establecimientos públicos y privados, encontraremos que, en general, las condiciones de las instalaciones y los recursos pedagógicos, pueden diferir considerablemente y esto puede repercutir en la calidad del aprendizaje. Cuando  el acceso a educación de calidad está mediado por la capacidad de pago, se reproducen las desigualdades sociales y la exclusión. Comentario similar podría hacerse sobre la educación universitaria cuando las oportunidades de articulación al mercado de trabajo resultan socialmente diferenciadas.

Necesitamos un sistema educativo que sea nivelador social, que no reproduzca la inequidad y la exclusión social, que  asegure igualdad de oportunidades para el desarrollo de capacidades y habilidades.  Para lograrlo, necesitamos un sistema público que asegure el acceso universal, que eleve la calidad del aprendizaje a niveles comparables con los mejores estándares internacionales,  y que diversifique la oferta de  acuerdo con las necesidades de cada sector social.

Superar la pobreza y la miseria requiere  el desarrollo de capacidades y oportunidades. El sistema educativo, sobre todo el público, tiene la posibilidad de llegar a ser la principal palanca para la nivelación social y para sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo más incluyente.

La propuesta programática planteada por Danilo Medina  incluye, de manera destacada, un compromiso por el desarrollo de un mejor sistema educativo público, como una palanca clave para sentar las bases de un nuevo modelo de desarrollo. Este compromiso cabalga sobre los grandes consensos existentes en el país en el campo de la educación, lo que deberá traducirse en un gran Pacto Nacional, que defina las principales metas sociales que nuestra sociedad está dispuesta a lograr, y se concrete en un pacto por la educación y un pacto fiscal que lo haga sustentable.

Perspectiva Ciudadana