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Pavel Isa Contreras
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Jueves, 02 de Agosto de 2012
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Esto ha resultado en una agricultura de baja productividad y con recursos muy restringidos, en una producción real de alimentos mucho menor a la potencial, y en pobreza sostenida asociada a ingresos y empleos precarios. 

¿Y por qué eso sucede? Por muchas razones, empezando porque la reforma agraria quedó truncada. Se limitó a la distribución de poca tierra, que benefició a pocos productores (casi todos hombres) y dio muy poco más que eso. Pero en términos generales, porque el Estado le ha dado la espalda a la agropecuaria.

Los gráficos adjuntos son la evidencia más clara de lo anterior. Como se ve en el gráfico 1, a finales de la década recién concluida, el gasto público real en agropecuaria y riego fue prácticamente el mismo que 20 años atrás, y el gasto real en riego se ha venido degradando de forma indetenible. El gasto real mide el poder de compra del gasto nominal, descontando la inflación. 

El gráfico 2 es más elocuente todavía. A lo largo de los últimos 20 años, el gasto público en agropecuaria y riego como proporción del PIB ha venido en picada. En los últimos tres años de la década pasada, el gasto fue de menos de la mitad del de inicios de los noventa. 

Finalmente, el gráfico 3 revela la pobre prioridad que ha tenido la agropecuaria para quienes toman decisiones de políticas. En 2008-10, el gobierno dominicano dedicó menos del 3% del presupuesto ejecutado a la agropecuaria, menos de un cuarto de la proporción dedicada a inicios de los noventa.

Combatir la pobreza rural y reducir la vulnerabilidad alimentaria requiere apoyar la producción agropecuaria, y eso se hace invirtiendo.

Perspectiva Ciudadana