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Paul Krugman
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Domingo, 16 de Septiembre de 2012
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¿Son ustedes, o alguien que conozcan, unos fanáticos de los aparatos? Si es así, saben sin duda que el miércoles fue el día del iPhone 5, el día que Apple dio a conocer su manera más reciente de evitar que la gente hable realmente, o mire siquiera, a quienquiera que esté con ella.

Entonces, ¿es el nuevo teléfono tan increíblemente maravilloso como dice Apple que es? Bueno, dejaré este tipo de cosas a David Pogue. A mí, en cambio, lo que me interesa son las insinuaciones de que el lanzamiento del iPhone 5 podría suponer un importante estímulo para la economía estadounidense y contribuir notablemente al crecimiento económico a lo largo del próximo trimestre o de los dos siguientes.

¿Les parece esto plausible? Si es así, tengo una noticia para ustedes: son, tanto si lo saben como si no, unos keynesianos, y han aceptado implícitamente el argumento de que el Gobierno debería gastar más, no menos, en una economía deprimida.

Antes de llegar a ese punto, vamos a hablar de dónde viene el rumor.

Una reciente nota de investigación de JPMorgan sostenía que el nuevo iPhone podría añadir entre un cuarto y medio punto porcentual al crecimiento del PIB en el último trimestre de 2012. ¿Cómo? En primer lugar, el informe mantenía que era probable que Apple vendiera muchos teléfonos en un corto periodo de tiempo. En segundo lugar, señalaba que, aunque los iphones se fabrican en el extranjero, la mayor parte del precio que ustedes pagan cuando compran uno tiene un valor añadido nacional —la venta minorista y mayorista, la publicidad y los beneficios— que se contabiliza como parte del PIB. Por último, tomaba algunas suposiciones plausibles sobre el precio de cada teléfono y el número de teléfonos vendidos y usaba esas estimaciones para calcular el impacto sobre el PIB.

Si usted cree que el nuevo teléfono puede promover el crecimiento, lo sepa o no usted es keynesiano

Todo es bastante sencillo. Pero las implicaciones son mayores de lo que la gente piensa. Lo que es fundamental entender aquí es que estos posibles beneficios a corto plazo del nuevo teléfono no tienen casi nada que ver con lo bueno que es, ni con lo mucho que mejora la calidad de las vidas de los compradores o su productividad. Esos efectos solo se notarán a largo plazo. En vez de ello, la razón por la que JPMorgan cree que el iPhone 5 estimulará la economía de inmediato es sencillamente porque inducirá a la gente a gastar más.

Y para creer que un mayor gasto dará lugar a un estímulo económico, tienen que creer —como deberían hacer— que la demanda, no la oferta, es lo que está lastrando la economía. No tenemos un desempleo elevado porque los estadounidenses no quieran trabajar, y no tenemos un desempleo elevado porque los trabajadores carezcan de las aptitudes adecuadas. En lugar de ello, los trabajadores dispuestos y capaces no pueden encontrar empleo porque los empresarios no pueden vender lo bastante para justificar su contratación. Y la solución consiste en encontrar una forma de aumentar el gasto general para que el país pueda volver al trabajo.

Entonces, ¿de dónde puede venir un mayor gasto? Las empresas disponen de una enorme cantidad de dinero, pero, en su mayor parte, han visto pocas razones para realizar muchas inversiones. ¿Por qué va uno a incrementar su capacidad si no tiene suficientes ventas para usar plenamente la capacidad de la que ya dispone? Y como las empresas no están gastando mucho, los ingresos son bajos y por eso la demanda es baja, lo que perpetúa ese bajo nivel de ventas.

En lugar de reforzar el gasto, nuestro sistema político ha adoptado medidas que agravan la depresión

Sin embargo, las depresiones se acaban, con el tiempo, incluso sin políticas gubernamentales para sacar a la economía de este atolladero. ¿Por qué? Hace tiempo, John Maynard Keynes sugirió que la respuesta era “uso, deterioro y obsolescencia”: hasta en una economía deprimida, en algún momento las empresas empezarán a sustituir sus bienes de equipo, bien porque los que tienen se han deteriorado, o bien porque han aparecido otros mucho mejores; y una vez que empiezan a hacer eso, la economía se anima. Sin duda alguna, es lo que Apple está haciendo. Está estimulando la obsolescencia. Bien.

Pero ¿por qué sufrir años de producción deprimida y desempleo elevado mientras esperamos a que se genere la suficiente obsolescencia? ¿Por qué no hacer que el Gobierno intervenga y gaste más, pongamos que en educación e infraestructuras, para ayudar a la economía a salir de la mala racha? No digan que el Gobierno no puede aumentar el gasto total, o que el gasto público no puede crear empleo. Si creen que el iPhone 5 puede impulsar la economía, ya han admitido que la suma total del gasto en la economía no es una cifra fija y que lo que necesitamos es un mayor gasto. Y no hay razón para que este gasto tenga que ser privado.

No obstante, lejos de usar el gasto público para apoyar a la economía en esta época de problemas, nuestro sistema político —empujado por una combinación de ideología, miedo exagerado al déficit y obstruccionismo republicano— ha tomado medidas para hacer que la depresión sea peor. Sí, los subsidios de desempleo y los vales de alimentos aumentan, porque mucha gente se encuentra necesitada; pero el empleo público se ha desplomado, al igual que la inversión pública.

Ahora bien, a pesar de todo esto, acabaremos recuperándonos. Con el paso del tiempo, habrá más bienes de equipo que tengan que sustituirse, más innovaciones como la del iPhone que estimulen el gasto, y, a la larga, saldremos de este atolladero económico. Pero, como señaló Keynes célebremente en otro contexto, a la larga estaremos todos muertos. Y empleando una frase mía, ¿por qué no acabar con esta depresión ahora?

Paul Krugman es profesor de Economía de Princeton y premio Nobel de 2008.

Perspectiva Ciudadana