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Ángela Guerrero
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Miércoles, 17 de Junio de 2020
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El Día Mundial de la Biodiversidad (22 de abril) y el del Medioambiente (5 de junio) nos han servido para reflexionar sobre la situación ambiental y conservación de nuestra biodiversidad en un año aciago como este 2020. En el que han convergido varias cosas: Elecciones presidenciales y municipales y su respectiva transición de autoridades (tierra de nadie o más bien tiempo de nadie). Un año de sequía en el que se juntan la seca invernal con la estival y los aguaceros de mayo desaparecen. Un Ministerio de Medioambiente que brilla por su ausencia (quizás porque el ministro se destaca por su competencia) y para requintar: la pandemia provocada por un virus super contagioso trayendo consigo el colapso económico mundial.

 

El efecto de esta convergencia fatídica ya fue denunciado y analizado en el Panel de Defensoría Ambiental en Cuarentena.

 

Pero ya antes el biólogo y experto en biodiversidad Sixto Incháustegui en el “Encuentro Verde” nos ha advertido del momento crucial en que nos encontramos como humanidad porque desde la cancelada cumbre del cambio climatico  el año pasado ya lo habían sentenciado: En Mongabay, Razan Al Mubarak llama a formular un plan de conservación natural post-COVID. También en el artículo: Jane Goodall: La humanidad está condenada si no cambiamos después de esta pandemia.

 

Pero el objetivo de estas líneas no es asustar, porque pareciera que los dominicanos somos inmunes al miedo y que nuestra cultura fuese un antídoto o sortilegio que “quita todo lo malo”, aunque harto comprobado está que no es así. ¡No podemos quitarnos el virus porque llegó para quedarse! No hemos podido quitarnos, por más denuncias y protestas, al bendito Ministro.

 

La crisis económica la hemos podido retardar, pero ¿por cuánto tiempo? Hay algo que sí podemos hacer: ¡Adaptarnos y cambiar nuestro estilo de vida! ¡Ya hemos empezado! Cambiar nuestro patrón de consumo: todo lo que consumimos y descartamos tienen un gran impacto sobre el medioambiente y en el planeta, para empezar; usar mascarillas de tela que son reusables, reciclables y reducen casi a cero los desechos plásticos. Seguir denunciando, educando y compartiendo en todos los ámbitos posibles la defensa por la vida y la biodiversidad y por último, analizar bien y más allá de los individuos candidatos a la presidencia y estamentos congresuales por quien votar en las elecciones.

 

En la agenda ambiental los principales candidatos son más de lo mismo: mentiras, frases hechas, lugares comunes. Propuse un compromiso con la naturaleza al estilo del 4% para la educación, pero al parecer nuestra sociedad no está madura aún para eso. Esperamos que gane quien gane las elecciones, el periodo de transición no se convierta en otro desastre ambiental para nuestro país. Así que estaremos vigilantes como siempre, tratando de contribuir a la conservación de nuestro mayor tesoro: la biodiversidad.

Perspectiva Ciudadana