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Manolo Pichardo
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Viernes, 29 de Junio de 2012
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El destituido presidente paraguayo Fernando Lugo, no podía concluir su mandato. Fue suficiente que desafiara a los colorados, el segundo partido americano con más tiempo en el poder después del PRI de México, que dicho sea de paso este fin de semana podría volver a la administración del gobierno; pues aquel con siete décadas y este con doce lustros parecían inexpugnables, hasta que Fox y el sacerdote identificado con la teología de la liberación, aprovechando el hastío, los bajaron de poder.

El PRI lideró una revolución popular, pero el largo ejercicio del poder lo fue corrompiendo al punto de engendrar a Salinas de Gortari, el presidente que se convirtió en ícono del político corrupto, lo que le ha merecido que los mexicanos le llamen El Innombrable. El Partido Colorado, por su parte, fue el sostén político de la sangrienta dictadura del general Alfredo Stroessner, líder de los sectores conservadores que vienen conspirando contra Lugo desde el mismo día que asumió la presidencia.

El exsacerdote siempre tuvo en su agenda la reforma agraria, que aunque dijo que la haría de manera negociada con los sectores involucrados, llenaba de terror a la oligarquía que durante 61 años asumió el país como finca de su propiedad.

Otros miedos anidaban entre los sectores más conservadores de la sociedad, ya que Lugo hablaba de cambio, palabra que políticos contrarios llegaron a calificar de “criminal”. Los hechos violentos de Curuguaty fueron la oportunidad para exorcizar al sacerdote que, a su juicio, estaba poseído de los demonios del populacho sin trabajo y sin tierra, que amenazaba con desestabilizar sus añejos privilegios. Por ello lo del juicio político se acariciaba desde que los escándalos por asuntos de paternidad zarandearon al presidente, al punto de desinflarle la aprobación de 93% a 30%.

El vicepresidente Federico Franco soñaba con asumir el poder mediante la sucesión desde aquellos escándalos, y no guardaba la forma, pues se dice que hacía consultas sobre la posibilidad de un juicio político al mandatario, y jugueteaba, siempre de acuerdo a lo que se oye, con los colorados. En esas prolongadas conspiraciones, me han contado, rebasados ya los aquelarres demoníacos de los conservadores que buscaban emboscarlo, llegaron al colmo de pensar en la inhabilitación por enfermedad cuando se le descubrió el cáncer.

La cuestión es que lo ocurrido en Curuguaty entre campesinos y policías, fue el resquicio que permitió colar la urdimbre hacia un congreso dominado por conservadores que, desde el mismo día en que Lugo asumió la presidencia del Paraguay, orquestaron la acción.

Ojalá y este golpe de Estado parlamentario no sea una corriente que pretendan diseminar los sectores conservadores por América Latina para sustituir a los gorilas o embutirlos en trajes de congresistas, para mediante maniobras y manipulaciones de orden legal, desconocer la voluntad popular, pues en Paraguay parecen haber pulido las chapucerías militares cometidas en Honduras.

Perspectiva Ciudadana