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alejandro arteche
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Lunes, 02 de Febrero de 2009
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Al sonar los primeros compases de su primer disco, Love tattoo, te sumerges en la banda sonora de una película de culto exótica de los 50. Una de esas con plantas de plástico, césped artificial, tarzanes con tupé engominado y heroínas en paños menores con estampado de leopardo, enormes tetas y melenas oxigenadas. También podría valer un club de alterne de los 50 con nombre africano, animales disecados y strippers clónicas de Betty Page desnudándose al ritmo de tambores de guerra. Pero Imelda May no pertenece a los años 50, sino al siglo XXI y tampoco es americana, sino irlandesa, aunque quién lo diría al verla con su tieso tupé en forma de rulo coronado con un mechón decolorado y vestida de tigresa lista para matar.


Imelda May es muy joven, pero lleva toda su vida cantando. Primero en el coro de la iglesia con su hermana, luego haciendo voces para anuncios y en cuanto pudo, por locales de todo tipo. En alguno llegaron a prohibirle el paso debido a su escasa edad. Ha llegado a acompañar en directo a una institución como Jools Holland de gira, y su voz recuerda a cantantes atormentadas como Billie Holiday, Dinah Washington y el toque rockabilly de Wanda Jackson. En las baladas tiene ese tono de chica mala perdedora y lamentándose de su mala suerte que la hace ser digna sucesora de Peggy Lee o Patsy Cline.


No es que lo que haga sea rockabilly puro, ni jazz, ni blues. En su primer disco hay de todo, desde el rockabilly desenfrenado de Love tattoo —que bien hubieran podido firmar los Gun Club o los Cramps— a lacrimógenas baladas de jazz para escuchar en locales con mucho humo y poca luz como Knock 123. Canciones como Johnny got a boom boom bien podrían servirle a Dita Von Teese para realizar uno de sus números de burlesque. De hecho, en 2007 Imelda fue nominada para el premio a la mejor cantante de burlesque y ha grabado canciones para la banda sonora de una película de, cómo no, gánsters. En cambio, Its your voodoo working te llevará al peor tugurio de Nueva Orleans y las trompetas de Watcha gonna do a una carrera contra la ley por la frontera mexicana cruzando pueblos de esos en los que una mirada a destiempo y a la persona equivocada te puede llevar recibir un balazo en plena cabeza.


Al igual que los protagonistas de Los Commitments, que querían sonar como una banda de soul de negros siendo blancos y de Dublín, Imelda May quiere ser una pin up de los 50 americana y se viste y peina como tal. Fotografiada en lo que parece un bar de carretera de la Ruta 66 en la portada del disco esperando a su novio mientras escucha a Buddy Holly en la máquina de discos, el grupo que la acompaña también es vintage al uso, con sus guitarras de caja, tupés y cazadoras de cuero.


Todo en Imelda May podría pasar por una grabación de los dorados 50 americanos, una copia perfecta y de gran calidad. Pero ella quiere algo más. Su toque personal. Para ello, Imelda da una vuelta de tuerca al concepto y en el disco y en directo actúa acompañada de un bodhran, el pandero irlandés que se utiliza para tocar percusión. ¿Qué tal queda la mezcla? Ahhh amigo, increíblemente bien. Como si el bodhran y el rock roll estuviesen hechos el uno para el otro de toda la vida.


Conmuévete con su Falling In Love With You Again.

Pianos salvajes, trompetas desgarradoras, historias de fumadores, chicas que juran no volverse a enamorar aunque una y otra vez caigan en el mismo error, chicos malos y mujeres de rompe y rasga acostumbradas a vestir vertiginosos escotes, faldas muy estrechas y más cortas aún y enormes tacones de aguja que podrían perforarte el estómago de una sola patada si te portas como un niño malo. Love tattoo es como una revista erótica de los 50 hecha música. Como una novela pulp, como la chica tatuada en el brazo de un marinero. Love tattoo es un disco para sacar el peine, colocar una buena cantidad de gomina, moldearte un tupé que desafíe la ley de la gravedad y no parar de bailar en toda la noche. Agarrado, suelto, solo o acompañado. Con cerveza o con whisky. Con coches descapotables o motos de gran cilindrada. Con cadenas o con cuchillo escondido en el bolsillo de la cazadora por si hay pelea. Imelda May es la chica que Gene Vincent, Eddie Cochran, Johnny Kidd y Jerry Lee Lewis hubieran soñado tener encima de un escenario con ellos.

Palabras Clave: 
Perspectiva Ciudadana