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Juan Bolívar Díaz
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Lunes, 14 de Diciembre de 2009
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Más allá de su carisma y extraordinarias facultades y  habilidades, la novel cantante Martha Heredia se constituyó en las últimas semanas en un verdadero fenómeno de masas, digno de ser analizado por quienes se ocupan del alma de la sociedad y del comportamiento psicosocial de los dominicanos y dominicanas.

La culminación del concurso, de puro corte comercial, en que participaba en Argentina, se constituyó esta semana en un acontecimiento que concentró la atención de una altísima proporción de la población, de todas las clases sociales, suspendiendo actividades hasta de las más sagradas de la temporada navideña.

Llamó  la atención los miles de personas hasta de bajos ingresos que invirtieron decenas de pesos para votar telefónicamente para que la jovencita de apenas 18 años fuera coronada como nueva ídolo de la canción latinoamericana en un evento que obviamente es ignorado por las grandes naciones del continente. La mejor prueba es que en sus dos últimas ediciones los cuatro finalistas han sido de países de poca población, dos veces de Costa Rica, una de Panamá y ahora la dominicana.

Es una pena que los dos últimos años los costarricenses siempre quedaran en segundo lugar, ya que esa hermana nación no tiene grandes ídolos artísticos ni deportivos de nivel internacional, con la excepción de la nadadora Claudia María Pool, nicaraguense nacionalizada, quien que ha acumulado cinco medallas de oro, incluso una de Olimpíada.

En Costa Rica los periódicos no dieron ni la cuarta parte de la atención a su concursante de la que dieron los dominicanos. Y eso podría develar en parte el fenómeno de masas de Martha Heredia. Los ticos tienen mucho más fe en su nación que los dominicanos, por lo que no precisan agarrarse de cualquier oportunidad de brillar en el exterior para reafirmarse.

Costa Rica figura entre los tres países latinoamericanos de mayor tasa de desarrollo humano, de menor delincuencia, de más altos niveles de educación, salud y seguridad social. Tiene suficiente energía eléctrica y más barata que nosotros. Los ticos no han huido en masa para Estados Unidos ni para Europa. Nosotros en cambio estamos entre los últimos diez en desarrollo humano y en algunos renglones básicos sólo competimos con tres o cuatro de los 34 países del continente y la mayoría sueña con emigrar.

Pero en lo que somos un fenómeno colectivo es en nuestra capacidad para pasarla bien, en nuestra alienación, hasta el punto que en reciente evaluación internacional nos disputábamos el primer lugar entre los más felices del mundo. Por eso debemos ser uno de los países donde las fiestas navideñas se celebran por más tiempo e intensidad. Desde octubre hay mensajes y promociones navideñas, que en el mundo desarrollado comienzan con el mes de diciembre.    

No podemos restar méritos a la arrojada jovencita Martha Heredia ni dejar de celebrar que  elevara la autoestima nacional, como lo han hecho en otros momentos Juan Luis Guerra, Pedro Martínez, Samuel Sosa o Félix Sánchez. Pero no podemos dejar de mirar al fondo del fenómeno.

Este país necesita reafirmarse como nación, colectivamente, devolviendo a las mayorías la fe en su viabilidad, para que nuestros hijos no gasten el tiempo pensando cómo burlar las normas migratorias internacionales para integrarse al desarrollo. Tenemos que ganar el concurso colectivo de reafirmación nacional, para reclamar, exigir y construir entre todos reales soluciones a nuestros problemas, comenzando por la imprescindible inversión en educación que, una vez más, no se presupuesta para el ya próximo año.

Congratulemos a Martha Heredia también por recordarnos cuánto apreciamos los primeros lugares y salgamos a buscarlos no sólo en la farándula y los deportes, sino en todos los concursos del mundo.-

 

 

Palabras Clave: 
Perspectiva Ciudadana