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Julio Sánchez-Maríñez
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Lunes, 09 de Julio de 2012
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Con los resultados de las elecciones del pasado 20 de mayo y, próximamente, con la toma de posesión de Danilo Medina como gobernante, es posible plantearse con optimismo perspectivas institucionales prometedoras en distintos ámbitos.

Con un presidente que ha prometido no procurar la relección, respetando el marco constitucional vigente, y ser un presidente “ético y moral”, puede esperarse que importantes iniciativas legislativas que estaban estancadas puedan encontrar ahora vía abierta para ser discutidas, consensuadas y aprobadas.   Entre estas se encuentra en primer lugar la ya muy mencionada Ley de Partidos Políticos.  Pero igualmente hay otras muy importantes, como las que tienen que ver con la función pública, entre ellas la Ley Orgánica de la Administración Pública y la ley de salarios en el sector público.

De alto interés nacional y para el Presidente electo, pero también de mandato normativo por la Ley Orgánica de la Estrategia Nacional de Desarrollo se encuentra a los necesarios Pactos Educativo, Eléctrico y Fiscal. Los tres urgentes, cruciales y centrales al desarrollo nacional.

Todo lo anterior convoca a un importante y sostenido esfuerzo de concertación en el que el interés general debe ser preservado por más que entren en juego, inevitablemente, intereses particulares. Esfuerzo en el que es inestimable el mejor desempeño del liderato gubernamental, sin minimizar ni remotamente el indispensable rol a jugar por muchos otros actores, políticos, privados y de la sociedad civil en sus distintos sectores y a sus distintos niveles. 

La agenda con importantísimas piezas legislativas y con estos trascendentales pactos deberá ocupar la mejor y más esmerada atención de los distintos sectores de la sociedad dominicana, y la mejor de las voluntades de cada uno de ellos.  Requerirá también de mucho liderato gubernamental de parte del nuevo Presidente de la República, cuya toma de posesión ya, por fin, se aproxima rápidamente. 

No debe caber duda de las intenciones y de la capacidad de Danilo Medina para encaminar un apropiado liderato gubernamental en el tratamiento de esa agenda. Tal como aprecia Fabricio Gómez Mazara, en su artículo “El Pacto Fiscal” publicado en 7días: “El presidente electo es percibido como un político perseverante, respetuoso y frugal. Su carácter podría coadyuvar a un pacto económico y social que inaugure un nuevo modelo de desarrollo.” 

Danilo Medina requerirá, sin embargo, de la mejor contribución de los distintos actores de la sociedad dominicana. En primer lugar de los partidos políticos, todos, sin excepción. Pero, indudablemente, requerirá muy especialmente de la participación madura y decidida del otro partido mayoritario, el PRD.  Madura, al colocar los intereses generales de la nación por encima de cualquier mezquindad, en actitud de franca y abierta negociación. Decidida, en el sentido de participar con sus mejores contribuciones sin desmedro de su óptica y enfoque partidarios, por supuesto.

La esperanza es que, rápidamente, el PRD pueda colocarse en condiciones de actuar como un partido que ha superado en lo fundamental sus grietas institucionales. Y para ello, lo ideal es que los perredeístas puedan poner, ellos mismos, su casa en orden.

A ese respecto, lo deseable es que el nuevo gobierno, todavía en transición a serlo efectivamente, y aun más después de la toma de posesión, sea un espectador del proceso de solución por los propios perredeístas a los problemas internos que los acucian.

Atender a cualquier llamado de cualquiera de las partes a un arreglo o pacto con esa parte aun en conflicto sería un grave e imprudente error.  Eso independientemente de los flujos de comunicación que puedan darse entre dirigentes políticos de los distintos partidos, ya en el escenario del poder legislativo, en el que comparten como colegas, ya en los ámbitos de la vida social en la que se encuentran inmersos y en la que los encuentros de todo tipo se producen como parte de la vida cotidiana.

En las relaciones entre partidos y sus dirigentes, fundamentalmente de cara a las iniciativas legislativas y a los pactos a concertar, debe prevalecer la institucionalidad.

Por supuesto, conviene al país y al nuevo gobierno, el que cada uno de los actores llamados a asumir la agenda legislativa y de concertación que hemos descrito, este en condiciones de hacerlo de manera institucional.  En ese sentido, conviene al país y al nuevo gobierno que el impasse institucional que se verifica en el PRD sea resuelto satisfactoria y apropiadamente cuanto antes.  Pero para facilitar el que esto ocurra, ni el partido de gobierno ni el nuevo gobierno deberían interferir en ello ni con el pétalo de una rosa.  

La otra cara de la moneda corresponde a los actores políticos, sociales y económicos distintos al nuevo gobierno. A ellos, incluyendo al PRD, puede exigírseles el otorgar al nuevo gobernante y al nuevo gobierno la oportunidad de entrar en escena como actor fresco, que se estrena, sin cargarle de los lamentos ni de las celebraciones que pudiera haber acumulado un gobierno que, con sus alzas y sus bajas, termina y cede al paso a otro, aun y provenga del mismo sector partidario.

Como mínimo, habría que dar a Danilo Medina el beneficio de una buena expectativa como la que expresa Fabricio Gómez Mazara en su artículo ya citado. Creemos que se lo ha ganado.

Todo lo anterior en beneficio de la institucionalidad o, más bien, de una nueva corriente de aire, de una esperanzadora brisa fresca para una mejor institucionalidad en nuestro país.

Perspectiva Ciudadana