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Julio Sánchez-Maríñez
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Lunes, 19 de Septiembre de 2011
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Con la firma del  Compromiso político y social por la educación el pasado 7 de septiembre, los candidatos a la Presidencia de la República, se comprometieron, entre otras cosas, a “(p)resentar las propuestas concretas de cómo se piensan ejecutar los lineamientos de políticas y los compromisos establecidos en el presente documento en su programa de gobierno”.  Las organizaciones firmantes del pacto, agrupadas en Coalición Educación Digna, se comprometieron por su parte a “(p)romover un amplio debate de las propuestas”de cada candidato  “durante el proceso electoral a fin de lograr que la sociedad dominicana entienda los compromisos asumidos por cada candidato y pueda evaluar y tener una opinión más informada de las mismas”.

Hasta el momento y hasta donde conocemos, ha sido el candidato Danilo Medina el que ha presentado y se ha comprometido con propuestas concretas para el mejoramiento de la educación. El sistema educativo dominicano es de baja calidad y excluyente, ha dicho. Según el candidato, al país le urge construir un modelo de educación de calidad en el que los bachilleres sean competentes en matemáticas, ciencias y oficios técnicos  y capaces de insertarse en el mercado laboral con éxito.

En gran medida, las propuestas de Danilo Medina han enfatizado el propósito de ofrecer una jornada extendida, de 8 horas, a  los estudiantes en el sistema público, requiriéndose para esto que cada plantel (edificación) albergue solo un “centro”, por lo que, al entrar en detalles, el candidato Medina ha delineado un proceso gradual que trascendería un solo periodo de gobierno. Con la jornada extendida, duplicando así las 4 formalmente previstas en la actualidad (pero que se reducen, en realidad, a un promedio de solo 2.7 horas clases por día, según se encontró por los estudios encomendados por EDUCA a Gallup en 2004 y en 2008) se ampliarían las oportunidades de aprendizaje para los estudiantes. Además, se compensaría así, en la educación pública, por el déficit socio-cultural  y las precariedades en el hábitat familiar y en el entorno hogareño en los estratos pobres y desfavorecidos en general, que afecta el potencial y el rendimiento escolar de los estudiantes provenientes de los mismos

Alcanzar la jornada extendida de 8 horas supondrá superar no solo el presente déficit de aulas, sino también duplicar el número de aulas existentes en la actualidad (menos de 40 mil) para llegar al ideal de una escuela por plantel. En la actualidad predomina la práctica de tener dos y más tandas escolares en mañana, tarde y noche  (“centros” en el lenguaje oficial) en cada edificación (“plantel”).  La inversión en instalaciones (edificaciones, mobiliario, equipos) deberá ser considerable y sostenida.  Junto a la inversión, y para que la misma sea socialmente rentable, habrá que diseñar y poner en práctica un currículo y un conjunto de actividades educativas (¿un co-currículo?) que posibiliten el aprovechamiento efectivo de esa jornada extendida.  Y, para esto, habrá que contar con los docentes y otros recursos humanos bien preparados, entusiasmados y dedicados a hacer de esas 8 horas un tiempo productivo y atractivo.  Y asumir una disciplina de cumplimiento y entrega en la que directivos, técnicos y supervisores, docentes y padres y tutores deben hacer una guerra a toda excusa para no cumplir y aprovechar con esas jornadas.

Para los docentes, poder dedicarse a un solo compromiso de jornada, en un mismo plantel, en una misma localidad, significara no solo un inmediato mejoramiento en el uso de sus ingresos (¿imaginan lo que se gasta un docente al día –en dinero, esfuerzo y tiempo- al trasladarse de un plantel a otro, muchas veces en otra localidad, para cumplir dos tandas como hace una gran mayoría?), sino también de concentración en una misma población estudiantil en una misma realidad y en un conjunto homogéneo de tareas.

Directores y supervisores, por igual, ahora con la posibilidad de “adueñarse” de edificaciones, mobiliario y equipo, entre otros ingredientes físicos, que no estarían ya sujetos a múltiples usuarios, e igualmente concentrarse en un mismo conjunto de docentes y de estudiantes.  Por supuesto, aportaran el liderazgo y la dirección que realmente agreguen valor siempre y cuando sean directores y supervisores preparados, con vocación para ello y dedicados, y no transeúntes por la educación, apuntalados por una “recomendación” mandatoria de un influyente de turno, individual, partidario o sindical.

La jornada extendida requiere de la participación y apoyo de la comunidad de cada centro, vía la junta o asociación de padres y amigos de la escuela, pero también involucrando a autoridades  y organizaciones locales; la jornada extendida requiere de la participación de la comunidad circundante al centro para el mejor desenvolvimiento de sus actividades y, por otro lado, implica un cambio en el funcionamiento cotidiano de las rutinas de la comunidad.

En síntesis, la jornada extendida podrá tener abundantes bonanzas si está acompañada de un conjunto transformaciones e intervenciones que no se reducen ni remotamente a las esferas administrativas y técnicas (aunque las incluya y sean cuestiones complejas), sino que implican lo político, lo ético, lo cultural y lo social,   y dejémoslo ahí para no expandir la lista. Como se ha dicho con tantísima razón: sistemas de problemas requieren sistemas de soluciones.

La jornada extendida es una experiencia que ya comparten muchos países, entre ellos Colombia, Argentina y Chile. En ellos podemos encontrar ejemplos que ilustran las bondades y las dificultades encontradas al implementarla y de los cuales podemos extraer lecciones para nuestro caso.

En Colombia donde su Ministerio de Educación ha iniciado programas de jornada extendida con el propósito de que el aumento en el tiempo de los aprendizajes constituye una oportunidad para el mejoramiento de la calidad, se estructuran las actividades  incluyendo además del curriculum formal la enseñanza de inglés, la educación artística, la educación en tecnología, actividades deportivas y recreativas y de aprovechamiento del tiempo libre.  Para esto, el programa incluye el acompañamiento a a las instituciones educativas para la incorporación de las actividades programadas en el PEI y sus adecuaciones curriculares, para promover metodologías flexibles y el uso de plataformas virtuales, y para promover estrategias relacionadas con el uso de aulas especializadas.  La experiencia se inscribe en intervenciones sistémicas que incluyen el desarrollo de un sistema de gestión de la calidad centrado en el fortalecimiento de la institución educativa, su autonomía, sus directivos, sus docentes y su gobierno escolar, con la participación de los padres de familia. Como parte de este sistema, se ha implementado la asignación académica de docentes con horarios de entrada y salida diferenciados para dar cobertura adecuada a toda la extensión de la jornada extendida. Respecto de la experiencia líder en Colombia, la del Departamento de Risaralda, recomendamos escuchar ver http://www.youtube.com/watch?v=6YSw0-VVg2s

Además de la jornada extendida (que eleva de 25 a 35 horas semanales   las jornadas de la primaria básica y de 20 a 25 las de educación inicial) se experimenta con programas de jornada escolar complementaria en instituciones educativas de los niveles con población más vulnerable de acuerdo al SISBEN  (el sistema de información colombiano que permite identificar a la población pobre potencial beneficiaria de programas sociales). Con esta jornada escolar complementaria se añaden tandas de 3 horas diarias, tres veces por semana a las jornadas regulares de los estudiantes.

En Argentina también hay experiencias con jornada extendida. En la provincia de Rio Negro, por ejemplo, existe  desde hace poco más de 5 años un programa de jornada extendida (8 horas diarias) que se plantea mejorar las condiciones educativas y de aprendizaje de los sectores más vulnerables de la población: y procura fortalecer procesos institucionales, prácticas educativas y espacios de aprendizaje, con la participación de las familias y el resto de la comunidad educativa. Además de reforzar el curriculum formal,  con talleres refuerzan contenidos curriculares básicos (en matemáticas y en lenguaje), se enriquece el mismo facilitando el acceso a contenidos culturales, de tecnología e idiomas (inglés), y de tecnologías de información y comunicación. El programa prevé que los espacios de taller se programen y ofrezcan según las necesidades educativas de los niños y para ello se adopta el  desarrollo de estrategias alternativas y flexibles de organización escolar.

Las experiencias con jornada extendida tienen en Chile ya unos 10 años y con ellas este país  se ha colocado a la par de los países desarrollados que le dedican más horas de enseñanza a la escolaridad obligatoria. La jornada extendida se implementó allí en paralelo a una reforma curricular; la incorporación de cada centro a la jornada escolar extendida requería la elaboración de un Proyecto Pedagógico. Este proyecto debía abarcar: a) una relación directa entre el proyecto y las prioridades señaladas en el Plan Estratégico Institucional del Ministerio de Educación; b) centrar los esfuerzos en la mejora de los aprendizajes; c) lograr el compromiso de la comunidad en el diseño, implementación, seguimiento y evaluación; d) establecer con claridad lo que se propone lograr, en relación a los recursos humanos y materiales necesarios; y e) definir los mecanismos de seguimiento y evaluación periódicos que permitieran revisar, ajustar y reformular la implementación de la jornada extendida y el proyecto pedagógico.

Con la jornada extendida (jornada escolar completa –JEC-, en la denominación chilena) se procuró el aumento de tiempo disponible para el aprendizaje (a partir de la extensión de la jornada de los

centros, docentes y alumnos –aunque en medidas diferentes) y se propuso cambiar la forma en que se usa el tiempo en la escuela; la práctica docente así como sus condiciones de trabajo, y la gestión escolar.

Estudios desarrollados por la Universidad Católica de Chile durante los años 2000 y 2005, por encargo del Ministerio de Educación de Chile, concluyeron que la implementación de la jornada había sido exitosa, aun cuando identificaron determinadas áreas de mejora y  algunos déficits importantes en la distribución temporal y en el área de trabajo docente. Hay otros estudios y evaluaciones que pasan distintos balances al proceso de implementación de la jornada extendida y a sus logros y limitaciones.

La jornada extendida puede ser la bandera y uno de los ejes de una intervención sistémica para transformar la educación dominicana con acento en la equidad y con respuestas relevantes y enfocadas  de manera privilegiada las poblaciones más desfavorecidas.  La experiencia internacional la favorece y de la misma podemos extraer lecciones aprendidas para un mejor diseño y una mejor ejecución en su implementación. Tomémosle la palabra al candidato Danilo Medica quien se ha comprometido con ella y con lo que ella implica.

Perspectiva Ciudadana