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Julio Sánchez-Maríñez
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Martes, 08 de Noviembre de 2011
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Danilo Medina se ha esforzado en articular un discurso y un conjunto de propuestas programáticas que él razona con argumentación y sustentación mostrando apropiación y entendimiento. Cualquiera puede disentir de él, pero en buena lid, debería reconocer que es un candidato que se ha preparado, que “ha pasado sus páginas para la izquierda” y hecho su homework, que no es un Don Melitón. Entiendo que ha ido desarrollando ese discurso consistentemente, sin variaciones significativas en sus líneas centrales. Como candidato de un partido en el gobierno lo ha hecho al filo de la navaja, pues afirmando sus propias ideas, tampoco tiene los grados de libertad de un candidato opositor que puede darse el lujo de criticarlo todo, hasta el nihilismo, porque nada le une a la gestión en curso.

Pero nada de lo anterior basta para algunos analistas que preferirían ver a Danilo Medina embestir contra el gobierno y, así, contra su partido, en un ejercicio de quijotismo político que le llevaría a resquebrajar su principal base de apoyo partidaria y quedar suspendido en equilibrio precarísimo sobre un hilo dental entre torres de la altura de Acrópolis sin red de seguridad.

Para estos analistas, Al Gore debió haber sometido a un escrutinio critico a los gobiernos de Bill Clinton como plataforma para su candidatura; Gore nunca debió reconocer el apoyo de Clinton al protocolo de Kyoto y su postura frente a los temas medio-ambientales, sino que debió haber embestido contra las sanciones hacia el régimen cubano promovidas por la ley Helms-Burton, debió denunciarlo por su retirada en el propósito de asumir una   reforma sanitaria (cuya verdadera ideóloga era su esposa, Hillary,  quien entonces firmaba como Rodham-Clinton), caricaturizar los zigzagueos de su política exterior, y proponerle un enjuiciamiento no tanto por el incidente Lewinsky sino por el marrullerismo de sus relaciones con el Congreso y los congresistas.

En Colombia, según estos analistas, Juan Manuel Santos debió alejarse como candidato del Presidente Uribe, insistiendo en la debilidad de aquel respecto del tratamiento de los para-militares, criticar con acritud sus reacciones primarias en la definición e implementación de la política exterior de Colombia respecto de Venezuela y en reacción a los vaivenes de Chávez, y rechazar su pronunciado sesgo pro-mercado y pro acumulación capital en el sector salud, que le llevó a desaparecer al Ministerio de Salud fusionándolo con el de Trabajo y Seguridad Social y a liquidar al Instituto de los Seguros Sociales (ISS).

Si estos analistas hubieran reaccionado a Juan Manuel Santos poco antes de agosto de 2010, cuando fue juramentado como Presidente de Colombia, habrían considerado que este era un prisionero de sus compromisos con Uribe cuando declaró: “Me he preocupado por intentar explicar a los colombianos que hoy, gracias a la mejora en la seguridad del país, tenemos la oportunidad de avanzar mucho más en otros frentes como el empleo, la lucha contra la pobreza, la educación y la salud”.  Y, por supuesto, se habrían mofado de las declaraciones del entonces candidato Santos al diario El País, cuando afirmó: No soy Álvaro Uribe, tengo mi propio estilo de gobernar".

Danilo Medina ha optado por llevar como compañera de boleta a quien los resultados de la Encuesta Hoy-Gallup difundidos en agosto pasado mostraron con un amplísimo reconocimiento e incluso apoyo como posible candidata a la vicepresidencia: un 56.7% de los encuestados entendía que ella debía ser la compañera de boleta de Medina y, entre los encuestados identificados con el PLD, un 77% la prefería como candidata vicepresidencial.

Frente a estos datos, que podríamos decir son hechos, se podrá opinar que a Danilo Medina le impusieron una candidatura; imagino que muy buenos datos, muy privilegiados, tendrán quienes así opinan, tal vez fruto de alguna tomografía o una resonancia magnética del cerebro del candidato peledeísta que tienen a su disposición, en la que queda registrada su voluntad de llevar otro candidato u otra candidata, y los registros de algún tipo de los medios por los cuales desde Palacio o desde algunos ámbitos le doblaron esa voluntad inscrita en sus patrones electroencefalográficos. Quien esto escribe no tiene esos accesos tan privilegiados aunque sí pudo ver, como cualquiera, los resultados de las encuestas con resultados de dominio público.  Y, por otro lado, quien firma entiende preferible guiarse por la  navaja de Ockham, principio de parsimonia que sostiene que cuando dos teorías en igualdad de condiciones tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta que la compleja.

De cómo llegó Margarita Cedeño a ese nivel de reconocimiento, popularidad o apoyo, es otra cuestión, por supuesto, también pasible de discusión y debate. Igualmente es cuestión de debate si debe, como candidata vicepresidencial, seguir disponiendo de los recursos que instrumenta desde el despacho de la Primera Dama. A eso se ha referido la aguda Inés Aizpún de manera directa y especifica.  Pero esas son unas cuestiones y otras son las imputadas por los analistas  como las razones (o no razones, sino imposiciones) de Danilo Medina para elegirla como compañera de boleta y para, inmediatamente, por ello, predecir un abandono de las líneas maestras de su discurso programático, el cual, a pesar de ser más “más minucioso y bien estructurado” (¿fundamentado?) parecería no convencer, según los mismos analistas de marras. Hay opiniones, sin embargo.

Queda por ver que pasará con el discurso de Danilo Medina, quien disfruta de muy baja credibilidad para algunos analistas.  No importa lo que diga, reafirme y prometa, las razones son otras y su palabra futura lo desdirá. A quien escribe este artículo le parece que el candidato del PLD y de importantes movimientos externos a ese partido mantiene sus propuestas en una seria de ámbitos (compromiso con invertir el equivalente al 4% del PIB en educación, con implantar progresivamente la jornada extendida en la educación pública, con ampliar significativamente la cobertura de la seguridad social, con impulsar inusitadamente el turismo como motor de la economía nacional, con paralela atención a la producción agropecuaria que tendría al mercado turístico como uno de sus dinamizadores, y otros planteamientos similares en los que ha venido insistiendo desde hace ya bastante tiempo).  Ya algunos analistas apuestan a que tendrá que variar significativamente esas propuestas, bajo el peso de unas imposiciones que han empezado a aprisionarlo.  El tiempo dirá y lo dirá rápidamente. Sometámonos pues a su dictamen.

Al Gore no logró la presidencia de Estados Unidos y todavía se discute si fue porque algo raro, muy extraño, tal vez muy feo, ocurrió en el conteo de los votos de Florida en aquellas elecciones.  Lo que se sabe es que no perdió por haber embestido críticamente contra la gestión del presidente Clinton; es más, tal vez uno de los ingredientes de su derrota fue el no haberse apoyado suficientemente en los logros pragmáticos en el terreno económico de su antecesor y haber sobre enfatizado sus propuestas ambientalistas con las cuales entonces no pudo entrar en sintonía con el electorado estadounidense.

Juan Manuel Santos es hoy presidente de Colombia y gobierna con su “librito”, diferente del de Uribe, aunque muchos no le creyeran que así lo hiciera cuando lo proclamó de esa manera siendo candidato y tras haber sido importantísimo ministro del gobierno de su predecesor. Por supuesto, si a Juan Manuel Santos lo hubieran asesorado nuestros analistas, hoy muy probablemente estuviera haciéndole oposición a Antanas Mockus.

Es posible que la candidatura de Danilo Medina necesite de un tónico… ¿y por qué no?  Una campaña presidencial es agotadora y extenuante. Si de metáforas y analogías se trata, habría que escribir también de otras candidaturas que necesitan de sedativos y ansiolíticos, incluso en la forma de frecuentes y extendidas tournées por el exterior. 

Perspectiva Ciudadana