|
Paula Díaz
| |
Lunes, 05 de Diciembre de 2011
|

 

Litros de cerveza que cuestan un euro, una botella de ron, algún refresco para mezclar, varios juegos y una pandilla de amigos con quienes compartir el festín. Estos son los únicos elementos que Jesús, Elisa, Cristina, Laura y Esteban necesitan para montar un plan alternativo los sábados por la noche.

Mientras otros jóvenes pasan frío haciendo botellón en las calles de Madrid, ellos se llevan el botellón a casa. Y aunque las fiestas en domicilios siempre se han asociado a universitarios primerizos que comienzan a disfrutar de su independencia, gran parte de este grupo está formado por trabajadores de entre 24 y 30 años que, debido a sus escasos sueldos (ninguno llega a ser mileurista), se ven obligados a buscar planes de ocio barato.

 

Aun así, la economía no es el motivo principal por el que organizan estos eventos. "¡Con el botellón en casa son todo ventajas!", exclama Cristina. "Te compras la bebida que te gusta, te aseguras que no es garrafón, sale mucho más barato que ir de copas y, además, el baño está limpio y puedes fumar y poner la música que a ti te gusta", especifica. "Es una forma muy cómoda para estar con tu gente; mucho más íntimo que un bar y tú decides siempre el ambiente que quieres crear", argumenta también Jesús. "Al principio empiezas a organizar fiestas en casa porque es más barato, luego lo haces porque es muy cómodo", añade.

Y es tan cómodo que algunos de ellos ni siquiera se visten para la ocasión. De los diez amigos que se han reunido en casa de Jesús, Elisa y Esteban, sólo cuatro se han arreglado para salir después. Los demás están con la misma ropa con la que han ido a trabajar o, incluso, en pijama. "El botellón es algo de nuestra generación, de una época en la que mucha gente comparte piso y prefiere juntarse en casa, tranquilamente", opina Elisa. "Además, es mejor para socializar, porque no tienes que estar gritando para que te escuche el que tienes al lado", apostilla Cristina.

De hecho, no son gritos lo que más se oye en esta casa del centro de Madrid. Después de una charla para ponerse al día y unas cuantas rondas de juegos de mesa, un simulador de karaoke se convierte en el centro de la fiesta. La noche avanza con un gran repertorio que va desde las canciones típicas de Marisol o los Payasos de la Tele hasta las más modernas de Lady Gaga o Britney Spears. Cuando termina la función, las agujas del reloj sobrepasan las cuatro de la madrugada.

 

Vecinos sordos

Aunque parezca increíble, en todo ese tiempo no han conseguido provocar la ira de los vecinos. Y eso que este tipo de fiestas privadas se han convertido en "un fenómeno emergente que en los últimos tiempos está provocando muchas denuncias por ruido", según señaló recientemente el director del Instituto Municipal de Consumo del Ayuntamiento de Madrid, Ángel Sánchez, en el Simposio de Actividades Lúdicas y Recreativas, organizado por Noche Madrid.

Por suerte, Jesús, Elisa y Esteban no tienen ese problema. "Tenemos la suerte de tener vecinos sordos", bromea Jesús. "Aunque no fuera así, en general, comportándose un poco no tiene por qué haber problemas con ellos", opina Cristina, una de las invitadas al guateque.

 

Y es que, aunque beben, saben comportarse. Pertenecen al grupo de jóvenes que consumen alcohol en fin de semana, pero, en este caso, no lo utilizan como desinhi-bidor. Son amigos, tienen confianza, y aseguran que ya se lo pasan bien sólo con estar juntos. Entonces, ¿por qué el alcohol? "Yo me divierto igual, aunque no beba, pero también me gusta tomarme unas copas mientras me río con mis amigos", explica Cristina.

"Además, una cosa es beber y otra emborracharse", apunta Elisa. "Beber los fines de semana es un hábito que te ayuda a descargar la tensión del día a día", reconoce Jesús. "Pero no se trata de emborracharse hasta caer redondos, que esto no es Living las Vegas, ni yo Nicolas Cage", concluye.

 

 

 

 

Perspectiva Ciudadana