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Miércoles, 25 de Noviembre de 2015
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Cuando Sami Nair habla, el mundo escucha. Este filósofo político y sociólogo franco argelino, ex asesor del presidente François Mitterrand y del primer ministro Lionel Jospin, conoce las dificultades de ser inmigrante en Francia y la crisis identitaria de una tercera generación nacida aquí, jóvenes franceses de credo musulmán que viven en barrios abandonados, con problemas sociales y económicos.

Es esta una de sus especialidades, junto a la geopolítica, que analiza con rigor y audacia. Si algo reivindica es la inocencia de los inmigrantes, en medio del clima de guerra que los atentados terroristas generaron en Francia.

Progresista, es una voz respetada en horas difíciles para su país, y cuando comienza a ponerse en marcha una coalición casi imposible entre París, Moscú y Washington. Las contradicciones que ésta genera lo entusiasman. Este es el diálogo que mantuvo en exclusiva con Ñ.

–¿Lo sorprendió el ataque en París o supuso que podía pasar?

–El gobierno francés está, desde 2014, avisando a la ciudadanía sobre el riesgo y la necesidad de cuidarse, porque la amenaza terrorista era muy alta, por varias razones. Primero porque Francia es el único país europeo que se involucró con su ejército bombardeando al ISIS.

En rigor deberíamos llamarlos por su acrónimo árabe, Daesh, pues nada tiene de islámico este grupo. Es evidente que ellos consideraron a Francia como objetivo y, por ende, un enemigo. Lo que ha ocurrido desgraciadamente en París es una evolución cuantitativa pero no cualitativa.

Empezaron a matar hace un año y medio. El ministro del Interior dijo claramente que la acción de los servicios de seguridad y de inteligencia pudo evitar otros ataques, con lo cual Francia estaba y está en guerra. El problema ahora es saber cómo va a evolucionar la situación.

–¿El presidente francés François Hollande se equivocó en su estrategia con Siria o era la única alternativa? ¿Cree que cometió un error?

–Es una cuestión muy difícil. Yo, desde el principio, no compartía la idea de bombardear ni de entrar en esta batalla. ¿Por qué? Porque en aquella época, cuando se hablaba de bombardeos, se hablaba de bombardear las tropas de Assad, de destrozar el ejército del sirio Al Assad para dar lugar a una oposición supuestamente democrática.

Pero lo que vimos a lo largo de estos dos años es que esa oposición se desbandó y, en rigor, no existe en el terreno, carece de fuerza. Fue una intervención que tenía como objetivo algo que yo no compartía. Ahora, cuando los bombardeos se transformaron en ataques directos contra el ISIS, la situación cambió.

Está claro ahora que hay que intervenir en contra de ellos e intentar encontrar un acuerdo con los rusos y con Al Assad, es decir, con el estado legítimo sirio, que además tendrá que solucionar sus problemas internos con elecciones democráticas.

Hoy considero que se debe intervenir contra el ISIS, si hay un acuerdo internacional entre EE.UU. y Rusia (que ocurrirá entre el 23 y 24 de noviembre) que son los que más cuentan en esta historia. Si hay acuerdo entre ellos, esto desembocará en una intervención terrestre común, para acabar con el terrorismo criminal.

–¿Usted juzga inevitable la intervención directa en el terreno? ¿Podrán la OTAN y Rusia zanjar sus diferencias y sus intereses diversos, para una intervención que puede ser funcional a ISIS? ¿No se podría generar una suerte de boomerang a favor del ISIS?

–Muy buena pregunta. Yo creo que lo que se va a hacer –lo hemos visto en la reunión de Viena– es diseñar el modelo de acción. Creo que se van a repartir el trabajo. Los rusos van a acabar con las zonas donde está ahora el ejército sirio y las fuerzas vinculadas, aliadas a ese ejército, porque también tienen fuerzas chiítas que están luchando contra el ISIS.

Los rusos van a ir de este lado, pero en coordinación con los EE.UU., Francia, probablemente Gran Bretaña y otros países para que puedan intervenir, probablemente bajo el lema de la OTAN. Esto problematiza a los rusos, porque no veo claro cómo Rusia puede ahora participar con la OTAN y los EE.UU. Deberán encontrar una fórmula diplomática para evitar el choque. Se sabe que sin acuerdo entre los dos grandes, no habrá solución en el terreno.

–¿Cómo ve la reacción de Rusia y cómo evalúa un eventual acercamiento con Washington en este tema?

–Rusia, fundamentalmente, tiene intereses estratégicos, militares, es decir intereses geopolíticos ahí. Por supuesto, tiene un puerto ahí. Y no permitirá a nadie derrumbar el régimen de Assad sin tener garantías sobre sus intereses. Yo no lo veo a Putin aceptando que los frutos de lo que se ha hecho vayan a los occidentales y a los americanos en particular. El juego entonces es muy estrecho, muy sutil, muy duro, al mismo tiempo. Rusia sabe perfectamente que el régimen de Assad no puede seguir.

Eso todo el mundo lo sabe. Ellos están buscando una salida negociada, manteniendo la integridad territorial y estatal del estado sirio ocupado por el ISIS. Porque si se toca esta integridad y se toca al estado, no tendremos un ISIS. Tendremos diez ISIS, porque los chiítas se van a radicalizar, los alauitas se van a radicalizar.

Tendremos una situación exactamente igual a la de Irak. Eso los rusos no lo quieren. Al mismo tiempo saben que cuando se trata de un mandato de la ONU, la experiencia para ellos no ha sido buena: lo han notado en la intervención en Libia, que era para ceder el espacio aéreo a la aviación de Kadafi.

Pero lo que hicieron el ex presidente Sarkozy y los EE.UU. fue destrozar el régimen de Kadafi. Con el resultado de que ahí también el ISIS tiene ahora sus partidarios y dominan poblaciones enteras. Los rusos esto no lo quieren.

–¿Usted cree que Hollande va a decidir el envío de una intervención activa o cree que, emocionalmente, la sociedad francesa no lo resistiría?

–Hollande no puede decidir solo la intervención militar en el terreno. No si los EE.UU. no están de acuerdo. El ISIS es un ejército y eso significaría mandar allí el ejército francés, lo que puede plantear un problema, salvo si se trata de una coalición internacional, tal como en 1990/91 los EE.UU. la pusieron en marcha contra Saddam Hussein.

En mi opinión se equivocaron porque absolutamente todo esto viene de esa primera intervención, cuando el mismo Saddam Hussein había dicho que aceptaba la decisión de la ONU y que estaba listo para retirar sus tropas. Pero Bush padre no quiso y mandó la primera intervención.

En 2013, su hijo hizo una segunda intervención totalmente innecesaria, tras una manipulación enorme de la ONU y de ahí ha nacido el verdadero problema en el que estamos hoy en día. La destrucción de Irak como Estado, como nación, ha provocado el auge de estos extremismos. Creo que el presidente Hollande no irá solo, si no intervienen otros países con él.

–¿A qué atribuye que los hijos de los inmigrantes, educados bajo el sistema laico francés, se sumen al ISIS y maten a jóvenes como ellos?

–Primero, los inmigrantes no están involucrados para nada con este conflicto ni con lo que está pasando. Lo que sí hay es un problema social y económico en barrios totalmente abandonados. En las afueras de París, muchos jóvenes no tienen perspectiva de integración. Creo, incluso, que ahora no quieren ni buscan la integración. Es gente muy débil intelectualmente y pueden ser manipuladas por cualquiera.

Es lo que están haciendo los terroristas del ISIS, dándoles una idea, un motivo de vida, un proyecto, un orgullo religioso de ser. Estos jóvenes tienen una rabia enorme contra la sociedad francesa que no les permite integrarse.

Se van y sufren una limpieza de cerebro. Se les quita todo sentimiento crítico y real, y vuelven para matar a sus conciudadanos. Además hay otro problema: fuerzas políticas, sobre todo de extrema derecha, utilizan la inmigración como chivo expiatorio, tal como lo hicieron los nazis con los judíos en los años 30. Ahora se culpa a los inmigrantes de los problemas económicos reales de la sociedad francesa. Pero es un problema de Francia y no de la inmigración.

–¿La integración fue un éxito o estamos frente a una desintegración de Francia?

–Una inmensa parte de la población de origen inmigrante ha integrado los valores de igualdad, libertad y fraternidad de la ciudadanía francesa. Y piden el reconocimiento práctico de estos valores.

Pero hay otra parte, cada vez más importante, que no cree en la integración y dice: “nunca nos van a integrar. Hay un problema social y económico y seguiremos marginados”. Un informe reciente del Tribunal de Cuentas demostró que en París la pobreza ha crecido cuatro veces más en los barrios de inmigrantes que en el resto de la ciudad. Esta situación social dramática es un problema global de la sociedad francesa.

–Sobre el tema del cambio de estilo de vida, ¿los franceses van a modificarlo por estos ataques y la amenaza pendiente o resistirán al terror?

–El miedo es una consecuencia natural y normal. Pero la sociedad francesa ha dado una muestra excepcional de solidaridad, calma, dolor y determinación. El pueblo francés, cuya conciencia política es muy alta, nunca va a aceptar los dictámenes de esa gente. Jamás va a aceptar que estos terroristas le dicten sus condiciones de vida. Eso está claro.

Perspectiva Ciudadana