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Guillermo Ricart Calventi
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Lunes, 05 de Noviembre de 2012
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Después del fiasco del Consejo Económico y Social se insiste en jugar a la ingobernabilidad. Intereses particulares necesitan imponerse a pesar de la insostenibilidad de sus propuestas.

Para sus fines son capaces de poner en riesgo, incluso lo que debe preservarse, la estabilidad y el clima de negocios.

La pretensión de parar el país, obstaculizar la producción nacional y suponer que el modificado proyecto de reforma fiscal del Ejecutivo no sea aprobado por el Congreso, no es más que eso, una tontería.

Propia de quienes al parecer no están dispuestos a concederle al Estado los recursos necesarios para hacer lo que nunca se ha hecho.

Es cierto que el gobierno está obligado al Ahorro, a la Transparencia y a una mayor eficiencia en el gasto, lo que no quiere decir a la reducción del gasto.

Esa debió haber sido la tónica en el CES, sentar los fundamentos del Pacto Fiscal y facilitar la búsqueda y asignación de los fondos.

Con la aprobación del Proyecto gubernamental no se abra arribado más que a un consenso incompleto sobre la solución de problemas urgentes de las finanzas publicas.

El Pacto Fiscal es un compromiso con el mediano y largo plazo del progreso dominicano; es aceptar que debemos elevar la fiscalidad con equidad y gradualidad.

Sin embargo, organizaciones de la Sociedad civil actuando fuera de su esfera natural, junto a partidos y políticos, promueven la sin razón de demandar asignaciones superiores para todos los fines y cerrar el grifo.

Por suerte, los dominicanos y dominicanas hemos aprendido a distinguir entre la necedad y la necesidad. Entre la tontería y lo conveniente.

Nada justifica la falta de seriedad de quienes luego del asueto quieren sumergirnos en el absurdo de las huelgas contra nosotros mismos.   

 

Perspectiva Ciudadana