|
Guillermo Ricart Calventi
| |
Martes, 27 de Noviembre de 2012
|

Los cambios democráticos de gobierno traen aparejados un periodo de acoplamiento de las nuevas autoridades y sus directrices con el funcionamiento institucional de los estados, hasta que de la llamada transición se pasa a la ejecución de la nueva partitura gubernamental, a partir de la cual el rumbo de la Nación queda reorientado.

En nuestro caso este lapso sirve para que quienes no obtuvieron el voto mayoritario rumien sus resentimientos e invariablemente descalifiquen los esfuerzos del nuevo equipo gobernante  por vencer la consabida resistencia al cambio de las instancias burocráticas y estructuras enquistadas  en el aparato estatal.

De igual forma, es propicio para que todo aquel con un mínimo de imaginación le diga al nuevo gobernante como deben hacerse las cosas o para intentar condicionar el accionar gubernamental de modo que sus expectativas sean satisfechas.

 En nuestra historia este tramo ha servido por igual para emprender y justificar todo tipo de persecuciones  y retaliaciones contra quienes supuesta o verdaderamente gobernaron al margen de las leyes y la Constitución.

La escasa formación y educación política de quienes se dedican a estos menesteres, como si de ellos dependiera el futuro de la democracia, nos convoca con frecuencia a diálogos de sordos más cercanos a las bárbaras refriegas que a la negociación proactiva que da sentido a la continuidad de los esfuerzos nacionales en aras del progreso.

No obstante, en función de todo ello los dominicanos en general  creemos que estos periodos, propicios para los noviazgos, pueden ser como las lunas de miel, más o menos prolongadas, que sirven para consolidar los vínculos y determinar hasta donde gobernantes y gobernados están dispuestos a llegar juntos.

En ese sentido estos primeros cien días del mandato constitucional del Presidente Danilo Medina constituyen el más impresionante rosario de señales positivas y de estímulos esperados por los diversos sectores de la sociedad que actúan no solo en función de sus intereses particulares sino también para hacer posible y sostenible la gobernabilidad democrática en el país.

El pueblo dominicano sabe de las verdaderas intenciones del Presidente, conoce las dificultades y sabe de los escollos esparcidos en el camino por los que tienen que justificar su propia incompetencia y su ausencia prolongada  de los espacios de la concertación y de la formulación de planes comunes, nacionales.

Por ello el matrimonio sale fortalecido tras esta luna miel y todo indica que no habrá divorcio.

Perspectiva Ciudadana