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Milcíades Mejía
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Jueves, 26 de Enero de 2012
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El pasado lunes 12  cumplió, el Padre Cicero 91 años de una fructífera vida dedicada al cultivo y desarrollo de las ciencias naturales y la  formación de profesionales en las ramas de la biología, zoología, agronomía, ecología y la pedagogía.

El Padre  Julio Cicero y el profesor Eugenio de Js. Marcano entraron en contacto en el  1968, en el Instituto Politécnico Loyola de San Cristóbal, donde ambos impartían docencia en la carrera de Agronomía; apenas unos meses de la llegada del padre Cicero a la República Dominicana procedente de la Habana, Cuba; bien pronto constataron que compartían la afición de salir regularmente al campo en excursiones con fines de observación, estudio y colecta de ejemplares de flora y fauna. Con la integración de Felix Serbio Ducoudray a este equipo, se produjo una conjunción muy especial de personalidades: Marcano,  cibaeño, más bien introvertido; Cicero, Mexicano, excelente comunicador; y  Ducoudray, luchador social, político, escritor de grandes dotes, de particular receptividad a los nuevos conocimientos. La empatía que acercó a estos tres maestros, de temperamentos aparentemente tan disímiles, creó el vínculo que dio origen a este excelente equipo de trabajo basado en la amistad, en el respeto mutuo, en el común amor a la naturaleza y en una indeclinable vocación por la enseñanza. Esta triología dominó el quehacer científico en la República Dominicana en el período de 1978 al 1989.

Nació en Mérida (Yucatán), el 12 de enero de 1921. Desde niño se interesó en el estudio de las plantas y los animales, probablemente por ser oriundo del trópico mexicano, de rica diversidad biológica y posible vía de colonización de diversas especies hacia las Antillas. Su inclinación hacia la Biología se conjuga armoniosamente con su auténtica vocación sacerdotal y su pasión por la enseñanza, y esta triple condición de sacerdote, biólogo y profesor lo define como un ser muy especial. La vida del Padre Cicero ha transcurrido esencialmente en el área del Caribe. A los 18 años llega a Cuba, donde finaliza sus estudios secundarios e ingresa en el Noviciado de San Etanislao, de la Compañía de Jesús. Posteriormente viaja a España, para realizar estudios filosóficos en la Pontificia Universidad de Comillas. Regresa a  Cuba como profesor del Colegio de Belén, de donde se traslada al Colegio de Woodstock, en Maryland (EUA) para cursar sus estudios teológicos. En 1957 es ordenado sacerdote en la Capilla del Colegio de Belén. Después de completar sus estudios de Teología ingresa a la Universidad de Fordham (New York), donde realiza estudios especializados en Biología, hasta alcanzar el grado de Master of Science. Luego de desarrollar una importante labor educativa y pastoral en Cuba, en 1968 llega a la República Dominicana, y junto a sus obligaciones religiosas, realiza una trascendente labor pedagógica y de investigación científica. En el Instituto Politécnico Loyola, de San Cristóbal, a cargo de la comunidad jesuítica, Cicero impartió clases de Zoología y Genética, y tuvo a su cargo los laboratorios de Biología, Zoología y Genética.

 Por iniciativa del doctor Rogelio Lamarche Soto, ingresó al cuerpo docente de la Escuela de Biología de la UASD, donde fue profesor por dos décadas, entre los años 1971 y 1992, impartiendo las cátedras de Zoología general, Sistemática, Morfología de Vertebrados, Paleontología y Evolución, así como de Preparaciones Biológicas. Entre abril y junio de 1984 dictó en el Instituto Tecnológico de Santo Domingo (INTEC) un curso sobre la Flora en la República Dominicana. En la PUCAMAIMA tuvo a su cargo cursos de Preparaciones Zoológicas, Prácticas de Biología y Actualización Sistemática, y en el verano de 1996 participó como profesor de post-grado en «Gestión Ambiental, Gestión de los Recursos Naturales»

El padre Cicero desempeñó importantes posiciones en varias instituciones académicas y científicas, fue asesor del director del Museo Nacional de Historia Natural, del Jardín Botánico Nacional, de la Dirección Nacional Forestal y, junto a Idelisa Bonnelly de Calventi y Mayra García, fue uno de los responsables de la información científica del Acuario Nacional,  miembro del Comité Editorial de la revista científica  Moscosoa, órgano del Jardín Botánico Nacional; activo colaborador del Naturalista Postal, publicación ocasional del Instituto de Zoología y Botánica de la Universidad Autónoma de Santo Domingo ( UASD); Fue miembro fundador de la Academia de Ciencias de la República Dominicana;  The American Plant Life Society, American Amarillis Society, The Cycad Society, de la Sociedad Dominicana de Ornitología; de la Comisión que estudió la situación del Parque Nacional de Los Haitíses; de la Comisión Nacional para el Medio Ambiente; miembro destacado del Patronato Rector del Parque Nacional Mirador del Norte.

Por sus valiosos aportes al conocimiento de la Fauna y Flora de la Republica Dominicana, fue merecedor de varios reconocimientos,  entre los cuales se puede citar: La UASD le otorgó en 1981 un diploma «Por la labor realizada en beneficio de la investigación»; el Museo Nacional de Historia Natural lo escogió en 1983 como «Científico Destacado»; la Asociación de Biólogos le rindió un homenaje «Por sus méritos logrados en el desarrollo de las ciencias naturales»; la Dirección Nacional de Parques, le otorgó en 1986 un diploma; la Secretaría de Estado de Agricultura le entregó una placa de reconocimiento «Por su incansable labor de investigación, defensa  y Conservación de los Recursos Naturales del nuestro país». En 1994 recibió una placa de reconocimiento otorgada por la Sociedad de Investigadores Agropecuarios y Forestales (SODIAF), y ese mismo año (1994) fue escogido como uno de los Diez Sancristobalenses más distinguidos y Premio Nacional de Ciencias de la Fundación Corripìo.

Como testimonio de gratitud hacia este incansable educador, quien esto escribe junto al Lic. Ricardo García, actual director del Jardín Botánico de Santo Domingo, bautizaron con su nombre una especie nueva para la ciencias, publicada en 1994; se trata del Zephyranthes ciceroana, uno de los duende mas raros de la flora caribeña; mediante el decreto No. 233/ 96 el poder ejecutivo creó el Parque Nacional Sierra Martín y lo nombró Julio Cicero; el volumen 10 de la revista Científica Moscosoa, que edita anualmente el Jardín Botánico Nacional, correspondiente al 1998, fue dedicada a este insigne investigador, mediante una biografía de la autoría de Daisy Castillo y Sesar Rodríguez; fue dedicado en su honor, el II Congreso de Biodiversidad Caribeña, celebrado en Enero de 1998, evento organizado por la Universidad Autónoma de Santo Domingo, (UASD), con la participación de científicos de todo el Caribe; en el  2000, recibió el Premio Presidencial a la Excelencia Profesional, y ese mismo año, fue condecorado con la Orden de Duarte, Sánchez y Mella; el Ayuntamiento de San Cristóbal lo declaró Munícipe Distinguido; el 20 de noviembre de 2005.

El Club Rotario de San Cristóbal, mediante Resolución No. 2005-298; del 15 de noviembre de 2005; le otorgó un reconocimiento por su gran aporte a la educación científica y general en San Cristóbal, el 11 de noviembre de 2005, la dirección del Parque Mirador Norte, bautizó el vivero con su nombre, para reconocer  los aportes al conocimiento de la flora y la fauna hechos por el; En agosto de 2007, la Sociedad Dominicana de Bonsái, le dedicó su X Exposición y le hizo entrega de una placa de reconocimiento en la apertura de la misma; la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), le concedió el título Doctor Honoris Causa, mediante resolución No.2006-003 del 28 de Octubre de 2007.

Estableció una importante colección de árboles (Arboretum) palmas y cicadáceas, en los jardines del Instituto Politécnico Loyola de San Cristóbal, plantados y ordenados de forma muy didáctica, que se ha convertido en una importante herramienta educativa para comunidad científica de la República Dominicana; a estas se puede tener acceso a través del internet.

 En el campo de la horticultura hizo valiosos aportes, mayormente en las Pereskia y Zephyranthes, plantas pertenecientes a las familias botánicas, Cactaceae y Amaryllidaceae respectivamente, creando numerosos híbridos que cultivó con éxitos en sus jardines; además, construyó y organizó tres útiles colecciones: una de rocas representativas de las principales formaciones geológicas de nuestra isla, una de frutos secos y/o preservados en líquidos (Carpoteca), una extensa colección de fotografias, en diapositivas, de animales, plantas y ambientes de la República Dominicana, y la otra de madera duras y preciosas (Xiloteca), todas se convirtieron en un valioso material de apoyo para todos sus estudiantes y profesores de la carrera, que necesitaron de ellas para sus conferencias, clases, prácticas y tertulias científicas, convirtiéndose una herramienta de gran valor didáctico y educativa.

 En su vida como académico publicó más de cincuenta artículos científicos y periodísticos sobre Botánica y Zoología y dictó numerosas charlas y conferencias en toda la geografía nacional, sobre temas de su especialidad.

Fue una fuente obligada de consulta, de inagotables conocimientos, forjador de varias generaciones de profesionales  de las áreas de la biología, agronomía, educación, muchos de los cuales se han destacado en el campo científico en la República Dominicana y el exterior; otros han ocupado la dirección de las distintas instituciones que manejan los recursos naturales en nuestro país, como son: El Jardín Botánico Nacional, La Secretaria de Estado de Medio Ambiente, El Acuario Nacional, El Zoológico Nacional, El Museo Nacional de Historia Natural, Academia de Ciencias, entre otros.

   El Padre Cicero fue uno de los naturalistas más conocidos en el país, hombre tan humilde como sabio, tuvo el honor, junto al Profesor Eugenio de Js. Marcano, de ser forjadores de generaciones de botánicos, ingenieros agrónomos, farmacéuticos, biólogos, maestros en ciencias naturales y entomólogos; su forma sencilla de enseñar, el trato afable, sencillez, honradez y su dedicación fueron cualidades que hicieron que sus alumnos lo reconozcan y lo respeten como a un padre espiritual. Falleció el 25 de enero, 2012 a la edad de 91 años.

Gloria eterna Padre Cicero, siempre te recordaremos.

        

Perspectiva Ciudadana