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Alberto Pradilla
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Lunes, 21 de Septiembre de 2015
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Alexis Tsipras será otra vez primer ministro griego. El líder de Syriza revalidó su victoria sin apenas acusar el desgaste de siete meses de gestión que terminaron con la firma del tercer rescate tras fortísimas presiones de Bruselas. Mantendrá su alianza con Anel y confía en que su triunfo sirva para cambiar la correlación de fuerzas en Europa.

«Las cosas no serán iguales a partir de mañana [por hoy]. Iniciaremos una lucha para cambiar Europa». Alexis Tsipras, primer ministro griego, puso el foco en Bruselas nada más ser reelegido para liderar el Gobierno heleno.

Con el recuento todavía al 60% y una insalvable diferencia de siete puntos respecto a Nueva Democracia, Tsipras se presentaba en la plaza Klaftmonos, en el centro de Atenas, para ser aclamado por sus fieles.

«El pueblo griego nos ha dado el mandato de seguir luchando por sus derechos», proclamó, lanzando tres líneas maestras para los cuatro años de legislatura: cambios en el modelo económico, lucha contra la corrupción y trabajo en Europa para modificar la correlación de fuerzas. «El pueblo griego ha dado un mandato claro: continuar la gran batalla que comenzamos meses antes», argumentó.

Siete meses después de su primer triunfo electoral y apenas dos después del referéndum que precedió a la firma del tercer rescate, Tsipras demostró que la resignación que se extiende en Grecia no ha laminado excesivamente su apoyo en las urnas.

Se dejó algún escaño por el camino (en concreto cuatro, de 149 a 145, a la espera de los datos definitivos) pero los diez diputados que obtuvo Anel, la derecha nacionalista, le permitirá mantener el Gobierno de coalición.

Tal y como indicaba Yorgos Vasiliadis, antiguo responsable de anticorrupción y miembro de la dirección de Syriza, las negociaciones para formar Gobierno comenzaron por la noche. Ayer, Tsipras escenificó su sintonía con Panos Kamenos, exministro de Defensa y líder de Anel, al comparecer juntos para celebrar el triunfo.

Con los números en la mano podría decirse que los resultados dejan la sensación de que todo se mueve para seguir igual. Y eso que la participación cayó siete puntos respecto a enero situándose en el 56%.

Dos lecciones

La victoria de Tsipras ofrece al menos dos lecciones. Por un lado la escasa fiabilidad de las encuestas, que vaticinaron un resultado ajustado entre la coalición de izquierdas y Nueva Democracia.

Se trata de la segunda ocasión en dos meses en que no aciertan, ya que también ocurrió durante el referéndum, cuando daban por hecho un empate técnico y tuvieron que comerse el aplastante 62%.

La segunda lectura del amplio triunfo es la diferencia entre la percepción que la población griega tiene de las decisiones de Tsipras y la visión sobre este que se extiende en otros países en Europa.

Mientras que en el exterior de Grecia se hace hincapié en el discurso de la «claudicación» de Syriza, muchos de los ciudadanos del país heleno creen que el primer ministro agotó todas las vías a su alcance en la negociación. Por eso su posición sale reforzada pese a firmar un memorándum que incluye medidas que él mismo rechazaba.

Tampoco se puede interpretar el triunfo de Syriza como un apoyo a las políticas de austeridad. Existe un amplio espacio entre el rechazo a las imposiciones de la troika y la posición decidida de salir del euro, que es la que defendían KKE y Unidad Popular.

Estos últimos, escindidos de Syriza, son unos de los grandes derrotados, ya que se quedaron a unas décimas de entrar en el Parlamento. Un duro golpe que también afectará al exministro de Finanzas Yanis Varoufakis, quien irrumpió en campaña el viernes para dar su apoyo a sus antiguos compañeros díscolos con Tsipras.

La victoria de Syriza está lejos de la épica de enero o julio. El ambiente en la carpa de Klaftmonos fue un ejemplo. Sin embargo, lo importante de estos comicios era más lo que podía perderse que las posibilidades de avance.

Ahora Tsipras tiene por delante la responsabilidad de gestionar un rescate que ideológicamente rechaza y que fue impuesto en durísimas condiciones. Al mismo tiempo, tratará de contribuir al cambio en Europa. Es ahí donde se la juega.

Decenas de reformas que deben imponerse antes de octubre

El nuevo Gobierno que lidere Alexis Tsipras tiene por delante un intenso calendario para implementar las reformas impuestas por las «instituciones» a cambio del rescate de 86.000 millones firmado el pasado mes de agosto.

Según el plan que él mismo acordó con el Banco Central Europeo, la Comisión Europea y el Fondo Monetario Internacional, Atenas tendrá que poner en marcha un ambicioso plan que será evaluado por la antigua troika antes de que el FMI (al que se ha presentado como partidario de renegociar la deuda) entre en las negociaciones.

Las obligaciones que tiene que asumir Grecia van desde el ámbito financiero, donde tendrá que implementar un proyecto de recapitalización y facilitar que las entidades pasen a manos privadas, hasta la administración, que tendrá que ser ampliamente reformada en sectores como la energía, los impuestos, la seguridad social, el sistema judicial o el sistema laboral.

Además, tendrá que pisar el acelerador en el fondo de privatizaciones que compromete 50.000 billones de euros. En el «catálogo» se ofrecen bienes estatales como la gestión de las autopistas, del agua de Atenas y Tesalónica o acciones de la compañía del gas.

Amanecer Dorado sitúa al fascismo en tercer lugar

Amanecer Dorado, la formación neonazi, reafirmó su tercera posición y se convierte en uno de los triunfadores de los comicios. Al cierre de esta edición (a falta de contabilizarse un 20% de los votos) había obtenido el 7% de los sufragios y 19 escaños.

 
El auge de la formación ultraderechista, que tiene a muchos de sus dirigentes en la cárcel o imputados, es preocupante. De hecho ha logrado situarse como partido más votado entre aquellos griegos que no tienen trabajo. Además, también obtiene buenos resultados en la franja de edad más joven.
 
Sus apoyos se han multiplicado en zonas como Mytilene, capital de Lesbos, isla a la que llegan cientos de refugiados diariamente. Una tendencia que alimenta el temor a un rebrote de la violencia xenófoba que ha sido habitualmente practicada por Amanecer Dorado.

La otra cara del triunfo, al menos relativo, de los neonazis son To Potami (liberales) y Pasok. Ambos apostaban por ser partidos bisagra y poder jugar un papel clave en la formación de Gobierno, pero seguirán en la irrelevancia.

Nueva Democracia tampoco cumple sus expectativas. Se había presentado como la garantía de «estabilidad» que reclamaba la t roika y queda, nuevamente, muy lejos de Syriza.

Perspectiva Ciudadana