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Peter van Buren
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Miércoles, 18 de Noviembre de 2015
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Usted no quiere leer esto, a mí no me complace escribirlo y pienso que nadie quisiera enterarse. Pero creo que hay que decirlo.

Me uno al mundo por el duelo de los muertos en París. He llorado por los muertos desde el 11 de septiembre en adelante: por los australianos que murieron en los ataques terroristas de Bali en 2005, por los londinenses que murieron en los ataques terroristas del 2005, por los ciudadanos franceses que murieron en los ataques de Charlie Hebdo en enero de este año, por los rusos cuyo avión se estrelló en el Sinaí hace alrededor de una semana.

Tantos otros muertos no occidentales de los que apenas informaron los medios estadounidenses. Me duelen también los muertos en otros ataques más pequeños ya profundamente sepultados en la oscuridad de nuestra memoria.

Y también hemos puesto hashtags y frases en la escuela secundaria francesa y agregado GIFs en Facebook. Sabemos qué es lo que hay que hacer; lo hemos hecho antes.

Pero lo que hay que decir, teniendo sobre todo en cuenta la enfermiza repetición de la misma historia, es que a pesar de los catorce años de guerra contra el terrorismo, este parece estar más que nunca entre nosotros, tal vez más, incluso más. Es hora de replantearnos lo que hemos hecho y estamos haciendo.

A partir de aquel día del 2001, el de aquellos brillantes y terribles cielos azules de Nueva York, hemos estado espiando al mundo, a los estadounidenses en nuestro país y a los extranjeros en el extranjero, sin embargo, nadie detectó nada que detuviera los ataques de París. Confiamos mucho en el espionaje y no conseguimos nada a cambio.

Desde 2001 Estados Unidos ha llevado a países como Gran Bretaña, Francia, Australia a participar en guerras como las de Iraq, Afganistán, Libia y Siria, a ataques con aviones no tripulados a poblaciones desde Filipinas hasta Pakistán y en toda África. Poco y nada tenemos que mostrar como resultado.

A partir de 2001 EE.UU. destinó enormes esfuerzos para matar a un puñado de hombres - Bin Laden, al-Zarqawi, al-Awlaki, y este fin de semana, Jihadi John.

Otros, muchos de ellos sin nombres, fueron asesinados sin llamar la atención de los medios o torturados hasta la muerte o se están pudriendo aún en la colonia penal extraterritorial de Guantánamo o en el oscuro infierno del Pozo de Sal en Afganistán.

Y no ha servido para nada y la prueba de ello es París este fin de semana y la siguiente en algún otro momento y en cualquier otro lugar.

En Estados Unidos renunciamos a muchas nuestras libertades para derrotar a los terroristas. Y no funcionó. Entregamos la vida de más de 4.000 hombres y de mujeres estadounidenses en Iraq y de miles más en Afganistán para derrotar a los terroristas y no preguntanos por qué murieron.

Hemos matado a decenas de miles de personas o más en esos países. No funcionó. Fuimos nuevamente a la guerra en Iraq y ahora en Siria, antes en Libia y sólo creamos más Estados fallidos y espacios sin gobierno que proporcionan refugio a los terroristas y esparcen el terror como si derramaran pintura a través de fronteras. Acosamos y discriminamos a nuestros propios ciudadanos musulmanes y luego cuando vemos que se radicalizan nos quedamos de pie y con la boca abierta, y entonces culpamos al ISIS por tweetear.

Hay que tener en cuenta que la estrategia del terror islámico para radicalizar a los musulmanes franceses es generar una ofensiva en Francia. Cientos de ciudadanos franceses ya han viajado a Siria para luchar con grupos que incluyen al ISIS.

Bill Johnson, uno de los comentaristas más inteligentes, afirmó que el terrorismo consiste en matar peones para afectar al rey. Los ataques en París no consisten en el asesinato de 150 personas inocentes. ¡Diablos! Casi cada día muere esa cantidad en Iraq y Siria. La verdadera prueba para Francia es cómo responder a los ataques terroristas a largo plazo – ese es el rey en todo esto.

Estados Unidos fracasó en la prueba del 11 de septiembre, sin embargo, no parece que Francia lo entienda mejor que Estados Unidos. "Vamos a dirigir una guerra que será implacable", dijo el presidente francés Hollande al salir de la sala de conciertos Bataclan, escenario del mayor derramamiento de sangre.

Si yo supiera cuál es la estrategia correcta, me gustaría decírsela y trataría de hacérsela saber a la gente de Washington y de París y de todas partes. Pero yo no sé exactamente qué hacer y de todos modos dudo que alguien me escuchara.

Pero hay algo que sé: dejen de hacer lo que hemos estado haciendo durante los últimos 14 años. No ha funcionado. No hay nada que sugiera que vaya a funcionar alguna vez.

 Whack-a-mole es un juego, no un plan. Dejen el Oriente Medio en paz. Dejen de crear más Estados fallidos. Dejen de arruinar las libertades de nuestro país con mentiras. Dejen de privar de sus derechos a los musulmanes que viven con nosotros.

Comprender la guerra, tal cual es, estar en contra de un conjunto de ideas - religiosas, anti-occidentales, anti-imperialistas - y no puedes bombardear las ideas. El enviar soldados occidentales a las tierras de Oriente Medio y aviones occidentales sobrevolando alimenta el fuego. La venganza no extingue una idea ni puede hacerlo.

Empiecen por esto y vean si las cosa mejoran, pero no le den un plazo de 14 años para lograrlo. Aparte de hacer que las cifras de muertos se disparen aún más, no puedo imaginar pudiéramos hacerlo peor.

Perspectiva Ciudadana