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Álvaro Blog
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Martes, 22 de Marzo de 2016
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Hablábamos hace unos día que no es posible aplicar el concepto de Smart City, de ciudad inteligente, a aquellas ciudades donde sus administradores públicos aplican políticas y proyectos que hacen que sus infraestructuras tecnológicas, que sus sistemas de información, sean dependientes de proveedores únicos. Algo que, por desgracia, ocurre con bastante frecuencia y que hipoteca el futuro tecnológico de las ciudades.

Incidiendo en el tema de las Smart Cities hay otro aspecto que me gustaría resaltar en relación al uso de software privativo frente a soluciones libres, y es la relación directa que tiene la implantación de productos privativos con la generación de desigualdades tecnológicas entre poblaciones de distinto nivel económico.

A nadie se le escapa que el gasto en licencias para implantar y mantener, por ejemplo y ya que estamos en el blog de gvSIG, una plataforma de geomática que permita gestionar la información geográfica de un municipio es abordable únicamente para unos pocos ayuntamientos. Un porcentaje ínfimo del total de municipios que constituyen cualquier Estado.

Con software privativo estamos relegando a segunda división tecnológica a la gran mayoría de poblaciones de un país. Esta discriminación en la modernización de la gestión de los ayuntamientos provoca que tengamos unos pocos ejemplos de modernidad, suficientes para rellenar algunos titulares de periódicos, y condenemos a una suerte de exclusión digital al resto. Desde luego no parece que sean las políticas más “smart”, más inteligentes.

Si la brecha digital hace referencia principalmente a las posibilidades de convertir la información circulante en conocimiento relevante, la apuesta por soluciones libres, basadas en el conocimiento compartido, sin costes de licencia y sin limitaciones de acceso se constituyen como la única posibilidad para que todas las ciudades y poblaciones de un país puedan aplicar la tecnología para mejorar su gestión.

Y todo ello sin entrar en las dinámicas propias del software libre, donde se abren las posibilidades para la colaboración entre distintas poblaciones para abordar soluciones complejas, para abordar desarrollos conjuntos que se puedan compartir sin ningún tipo de limitación.

Y da por pensar que un país inteligente no será aquel que tenga ciudades de primera y segunda, inteligentes y “no tan inteligentes”, sino aquel que apueste por una igualdad de oportunidades tecnológicas para todas sus poblaciones y que, además, les permita compartir y mejorar de forma conjunta.

Perspectiva Ciudadana