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Lunes, 21 de Mayo de 2018
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Desde enero del 2017, el mundo se gasta un presidentazo. Un “tolete” de mandatario, dispuesto a castigar -a su juicio- a los malos, premiar a los buenos y aplicar medidas para mantener al mundo bajo control (su control).

Se trata de un justiciero inédito del siglo 21, de esos que aparecen en el momento preciso y salvan a la damisela en peligro. En este caso, la dama ha sido la derecha, agobiada, decadente… la ideología del amor al dinero por encima de todo y de todos.

Es un castigador que impone penitencias al pueblo Sirio, por la intención determinada de esa nación de querer acabar con una guerra que ha hecho sangrar al país, quizá con la misma persistencia con que fluyen los ríos Tigris y Éufrates (afluentes que atraviesan ese Estado).

Es una especie de héroe vengativo y rencoroso que echa atrás las negociaciones históricas de Estados Unidos con Cuba, los tratados internacionales y desconoce los impactos del cambio climático al medio ambiente.

Hablamos de un encapuchado sin capa, que a la lucha contra la posesión monumental de armas en Estados Unidos, propone armar a los desarmados (para que puedan defenderse de los armados).

Ése, el mundo se gasta ése presidente, tan peculiar que ni hace falta mencionar su nombre en este escrito. ¿Loor al jefe?, ¿salve César? ¡Salve!, sí, pero ¡sálvenos Dios del castigador!

Perspectiva Ciudadana