|
Frank Pacheco
| |
Jueves, 26 de Julio de 2018
|

 

En Grecia, un incendio masivo ha consumido ya la vida de más de 85 personas… y a raíz de esta tragedia el gobierno griego decretó duelo nacional.

Las palabras que expreso a continuación no las escribo con el fin de desconocer una desgracia, un infortunio para un país lastimado, además, por una crisis económica y social que lo coloca a la deriva en una Europa cada vez más disgregada.

Lo que destaco es que, a propósito de, a la deriva también están miles de inmigrantes que huyen de la hambruna en África y las guerras en el Medio Oriente; algunos de estos conflictos son provocados y financiados por los mismos países que les niegan refugio.

La condición de estos miles de desdichados, olvidados por la suerte, traspasa lo que consideran como “problema migratorio”. ¡No lo es! Llamémosle por su nombre: crisis humanitaria.

Semana por semana decenas mueren a orillas de las playas de Grecia, Italia, Croacia y otras naciones que dibujan la costa norte del mar Mediterráneo. Mueren empuñando el último gramo de esperanza que les quedaba, con la ilusión latente de sobrevivir llegando a algún país en que sus vidas, aunque sea de manera parcial, no corran peligro, ya sea por el hambre, ya sea por la guerra…

Está muy bien que Grecia llore a sus hijos, pero… y por los que mueren a orillas de sus playas ¿quién decreta luto? Al parecer, ésos no duelen. Como dice Pepe Mujica: “En la actual sociedad mundial todos somos iguales, pero algunos más iguales que otros”.

¡Patria es humanidad! Expresó en su momento el apóstol de la libertad José Martí. Así debe ser, pero en Grecia y toda Europa se llora a los de la patria, pero no a los de la humanidad.  

Perspectiva Ciudadana