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Sergio Sarita Valdez
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Martes, 28 de Julio de 2015
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En un cable fechado el 24 de julio de 2015 en la ciudad de Washington, capital de los Estados Unidos, la Agencia de Noticias Francesa publica el siguiente titular: <<Obama frustrado por falta de avances sobre el control de armas en Estados Unidos>>

La información expresa lo siguiente: <<En la entrevista concedida a la cadena pública británica (BBC), Obama consideró que su país era <<la única nación desarrollada, sobre la Tierra en la cual no tenemos el suficiente sentido común de contar con leyes de control de armas… Si observan el número de estadounidenses muertos desde el 11 de septiembre por el terrorismo, son menos de 100.Si observan el número de personas muertas por la violencia debida a las armas de fuego, están en decenas de miles… Y no haber sido capaces de resolver este problema es para nosotros angustiante>>.

Por la frecuencia en que acontecen ya casi está dejando de ser noticias de impacto las informaciones de masacres en iglesias, escuelas, cines y otros sitios públicos donde una persona manipula un arma de fuego de alto poder segando la vida e hiriendo a múltiples inocentes víctimas.

Los casos de masacre en la Iglesia de negros de Charleston y la otra en el cine de Lafayette representan escalofriantes ejemplos dignos de la preocupación de un jefe de Estado consciente de su responsabilidad histórica como conductor de un pueblo.

Mientras el presidente de la nación más poderosa del mundo manifiesta su impotencia para tumbarle el pulso a la poderosa National Rifle Association, acá en esta media isla caribeña se mantiene en debate un anteproyecto de ley que de ser aprobado tal y como ha sido propuesto nos conduciría a la incómoda situación en que se encuentra sumergida la patria de Lincoln.

Diversas investigaciones científicas de distintos confines del planeta coinciden en señalar que a medida que aumenta el número de pistolas, escopetas, y revólveres en mano de la población, así mismo se incrementa la incidencia de homicidios en esos lugares.Hasta hace menos de diez años, los homicidios en la República Dominicana se llevaban a cabo mediante el uso de cuchillos, puñales o machetes.

A mediados del pasado siglo, las trifulcas en los bailes rurales arrancaban con una bofetada, seguida de trompadas y patadas para concluir a palos y pedradas.

Para el año 2015 en una acalorada discusión a lo primero que se echa mano es a la pistola. No hay que ser muy ducho en la materia para imaginarse el probable desenlace de ese tipo de conflicto.

Debe ser un signo muy llamativo para toda la ciudadanía el que un niño jugando con una escopeta mate a otro menor.La presencia de una escopeta en cualquier rincón de la casa, así como la de un revólver o pistola en una gaveta sin seguro, es una condicionante premonitora de un trágico accidente hogareño.

Si bien es cierto que en las actuales condiciones no podemos garantizar salud mental plena para toda la sociedad, evitemos seguir aumentando el riesgo de los homicidios. Cambiemos la pólvora y el plomo por libros, maestros, salubristas, y trabajadores generadores de bienes y servicios para la paz y el bienestar colectivo.

 

Perspectiva Ciudadana