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Minou Tavárez
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Jueves, 27 de Mayo de 2010
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Este pasado 16 de mayo mientras esperábamos los primeros resultados de las mesas electorales, leí un correo con la anécdota de una señora muy pobre que telefoneó a un programa cristiano de radio pidiendo ayuda.

Un brujo del mal que oía el programa ordenó que le llevaran alimentos y que cuando ella preguntara quién los mandó, respondieran:” fue el DIABLO!”

Cuando llegaron a la casa, la mujer recibió los alimentos con alegría e inmediatamente los fue guardando sin preguntar nada.

Los brujos, desconcertados, le preguntaron si no quería saber quién le envió esa comida.

La mujer, en la simplicidad de la fe, les respondió:” No, mis hijos... No es preciso. Cuando Dios manda, hasta el diablo obedece!”

Pocas horas después confirmamos que nos habíamos ganado el derecho a seguir trabajando desde el Congreso. 

Gracias.  Muchas gracias, muchas veces porque trabajar ha sido y sigue siendo mi principal compromiso de campaña.  Gracias porque en esa hora de las heroicidades ciudadanas, ésa de la caseta electoral con bolígrafo en mano, lejos del tumulto, de las triquiñuelas de campaña, de las amenazas “celestiales”, de los “sacaliñadores” profesionales, de las pullas de familia, la Circunscripción que represento me demostró su apoyo y su confianza.  A pesar de las misas, de los pasquines y decálogos.

A pesar del oficial y extenso y contraproducente -para la salud de un proceso como éste- fin de semana largo.  A pesar de que no pude –jamás podré y quienes me apoyan lo saben- compensar la oferta que por voto pagaban como en mercado negro a boca de urnas algunos de mis contrincantes.  A pesar de que teníamos al dirigente, los árbitros, el banco, el estadio en contra, y de que llovió como Dios manda, la gente del Distrito Nacional votó duro: votó Minou. 

Las cadenas de oración, por el contrario, según me ha explicado un teólogo facilitaron el voto consciente pues -y cito textualmente- “el pueblo creyente buscó y encontró allí la cercanía con el Dios de los cristianos, un Dios Padre, acogedor y tolerante, misericordioso y amigable, cercano y dialogante. Lejano a los pastores que olvidaron que se da la vida por sus ovejas y no se anotan sus nombres en los listados del castigo. En la oración  reencontraron al Dios que cuando envió a su Hijo eligió a tres mujeres de pueblo para que dieran la noticia que se quedaba para siempre con nosotros”.

Ahora me toca ir de los dichos a los hechos y continuar haciendo lo que tengo que hacer cuando tengo que hacerlo donde tengo que hacerlo: en el Congreso Nacional.   Más que nunca me toca huirle a hacer política para el Desencanto.  ¿O acaso no es Desencanto, con mayúscula, lo que está detrás de ese  57% de abstención en la Circunscripción 1?

Esta inasistencia tan masiva al llamado de nuestra democracia también debe alertarnos sobre el hecho de que lo que muchos políticos (y no me incluyo) estaban vendiendo, pocos quisieron salir a comprarlo.  Se invirtieron millones de dólares (sí, sí, he escrito millones y dólares) en una campaña  que a duras penas alcanzó a mover al voto militante, sin lograr la participación del voto ciudadano no organizado en ningún partido. Un voto que es la inmensa mayoría, el país entero, el que realmente mide las diferencias importantes. 

Esa abstención obliga a pasar balance al pasado certamen, obliga a reflexionar sobre el contenido de lo que estamos haciendo, sobre como lo estamos haciendo, y nos deja en el camino de una República Dominicana que no acepta que la política trate a sus ciudadanos como incapaces de distinguir entre la cosa y el reflejo de esa cosa en el espejo. 

Esa abstención también se llama Desencanto.  Desencanto que he sentido muchas veces en carne propia y que más de una vez casi ha conseguido detenerme, arrancarme de cuajo.  Pero elecciones como estas, en las que casi todos los candidatos y candidatas que votamos a favor de la vida de verdad, aquella no manipulada, nos reelegimos muy pero muy bien reelegidos; elecciones como estas, repito, dejan muy claro, que cuando Dios dispone, hasta el mismo Diablo obedece.

•Minou Tavárez es diputada (PLD-DN).

Perspectiva Ciudadana