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Sergio Sarita Valdez
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Martes, 04 de Agosto de 2015
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La escuela de la vida nos enseña que lo bueno siempre se hace acompañar de una que otra traza de impureza. Lo absoluto es un abstracto, por ello es de sabio indagar lo que se esconde detrás de las bondades.

Los avances tecnológicos de la comunicación llevan una carrera meteórica, a una velocidad tal que es prácticamente imposible seguirle los pasos. La cantidad de teléfonos inteligentes en el mercado es inconmensurable, fenómeno que tiene sus ventajas, pero que también abriga serios peligros.

El patólogo forense en su quehacer cotidiano se encuentra con casos de tragedias fatales relacionadas con el uso de estos aparatos portátiles.

Conocemos de la importancia de la concentración en el volante cuando se conduce un automóvil, sin embargo, hoy día no es casual observar a un conductor leyendo y escribiendo un mensaje de texto mientras maneja su vehículo.

Es bien sabido que los accidentes suceden en fracciones de segundo, por lo que una leve distracción o descuido pudiera tener consecuencias fatales.

Eso precisamente es lo que acontece en la actualidad. Son muchos los jóvenes que ya tienen como hábito el conversar y chatear mientras transitan conduciendo carros y yipetas.


 
 


Desprevenidos adolescentes se pasean a diario por calles y avenidas de nuestras grandes ciudades, exhibiendo costosos celulares multiuso, para luego encontrarse con la desagradable sorpresa de que un pillo les ha despojado repentinamente de su pertenencia. No resulta raro que dicho delito se acompañe de agresión física, ocasionalmente mortal.

Hoy resulta obsoleto sentarse a dialogar con amistades, mientras se disfruta de un café o té. Esa atenta mirada a quien dirige la palabra es asunto del pasado.

Llueven las interrupciones, pues cada vez que suena el teléfono, su propietario sencillamente se desconecta del resto para atender la llamada. Ya sea que estemos en el hogar, en una actividad social que implique atención, la gente hace caso omiso de las reglas de urbanidad y procede con naturalidad a responder su celular.

Las redes sociales envían señales de mensajes continuamente y el usuario se ve compelido a chequear la procedencia y el contenido de los mismos.

El papa Francisco en la Jornada #49 de las Comunicaciones Sociales escribió un mensaje parte del cual expresaba: “Lo que nos hace entender en la familia lo que es verdaderamente la comunicación como descubrimiento y construcción de proximidad es la capacidad de abrazarse, sostenerse, acompañarse, descifrar las miradas y los silencios, reir y llorar juntos, entre personas que no se han elegido y que, sin embargo, son tan importantes las unas para las otras. Reducir las distancias, saliendo los unos al encuentro de los otros y acogiéndose, es motivo de gratitud y alegría…ç

Hoy, los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en familia y entre familia. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y de espera, olvidando que el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido”.

Prudencia y sensatez en el uso de los celulares permiten el aprovechamiento de sus ventajas y nos evitan tragedias fatales.

Perspectiva Ciudadana