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Jueves, 05 de Noviembre de 2015
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Cuando Olga Ovechkina salió hacia el aeropuerto de San Petesburgo para recoger a su hijo y nuera, el Airbus 321 de Metrojet en el que viajaban ya se había estrellado y ella no lo sabía.

Vladislav y Lilia Movchanov eran dos de los 224 pasajeros fallecidos en la tragedia del avión ruso. Regresaban de celebrar su cuarto aniversario de boda en el balneario egipcio de Sharm el Sheikh.

"Me llamaron por teléfono cada día y estaban tan contentos. Me decían: 'Es tan divertido esto aquí'", dice Olga mientras se le llenan los ojos de lágrimas.

Desde que se confirmó que el vuelo 9268 se había estrellado en el desierto del Sinaí, en Egipto, no ha dejado de llegar gente para rendir tributo.

En el aeropuerto las flores siguen llegando.

Hay ya una enorme pila de flores y juguetes fuera de la sala a la que Vladislav y Lilia debían haber llegado. Un grupo de amigos trajo fotografías de una joven para sumarlas al lugar. Luego brindaron en su recuerdo, abrazándose, entre lágrimas.

Olga Ovechkina asegura que tuvo una premonición de que algo iba mal mientras conducía hacia la terminal. Era tan fuerte que paró a un lado de la vía para intentar llamar a su hijo. "Casi no podía marcar el número, el teléfono se me saltaba de las manos. Estaba temblando", recuerda. Cuando consiguió marcar, el teléfono estaba bloqueado. "Lo supe, ya mi hijo se había ido".

Ansiosos por conseguir información, ella y otros parientes se acercan a un hotel cercano al aeropuerto cada día.

El avión siniestrado era un Airbus 321.

Es una especie de cuartel general para los equipos de emergencia. Con los ojos enrojecidos, los familiares deambulan por la entrada o se sientan y lloran en silencio. Decenas de psicólogos están a disposición para prestar ayuda. Incluso ellos parecen afectados por la experiencia.

Olga dio una muestra de saliva para que se use su ADN para identificar el cuerpo de su hijo. Pero ponerle nombre a cada víctima es un arduo trabajo y angustiosamente lento para los que esperan. Los equipos forenses han mandado muestras a Moscú para que los expertos de la capital ayuden a agilizar el proceso.

El primer funeral tiene lugar este jueves en Velikiy Novgorod.

La ciudad de San Petesburgo ha sido especialmente golpeada.

Este desastre, el peor de la historia de la aviación rusa, ha golpeado especialmente duro en San Petesburgo, que decretó cinco días de luto oficial.

La mayoría de los que viajaban en el avión eran de la ciudad o de sus alrededores.

Las celebraciones del Día de la Unidad fueron canceladas el miércoles. Aunque el presidente ruso, Vladimir Putin, dio un discurso en Moscú en el que no hizo mención a la tragedia. Habló, por el contrario, del patriotismo y del poder ruso.

"Tienen que hacer algo"

Pero en el Palacio de Invierno, donde también se rinde honor a las víctimas, una mujer habla indignada de los hechos.

"Tal vez ahora el gobierno se dará cuenta de que tiene que hacer algo, pensar en la seguridad de la gente y cambiar los aviones", exclama Anastasia Huta.

La mujer admite que lleva días llorando.

"La actitud aquí es: 'Bueno, vuela, pues está bien'. Da mucho miedo", agrega.

Las familias no pueden hacer nada más que esperar.

También murieron los siete tripulantes. Uno de ellos era Andrey Vitalyevich Belomestnov, que en la imagen aparece a la derecha.

La televisión estatal ha evitado cualquier referencia a un atentado islamista como causa del desastre, pese a que ha sido reivindicado por el autodenominado Estado Islámico. El Kremlin considera que vincular el hecho con los ataques rusos sobre objetivos de EI es algo "inapropiado".

Al contrario, en la televisión se dedican a discutir posibles fallas técnicas. "Creo que es probable que fuera un problema técnico", dijo Tamara Romontovskaya cerca del memorial.

La mujer lucha por aguantar las lágrimas mientras habla y dice que pide al líder ruso que "tome nota" para que no vuelva a haber tanto dolor como ahora. "No quiero creer que fue un ataque terrorista, que hay gente capaz de matar así", agregó.

 

Otro lugar en el que se siente el luto es frente al Palacio de Invierno.

Los equipos rusos todavía trabajan en el lugar donde quedaron los restos del avión, ahora expandido a 40 km cuadrados. Quieren estar seguros de que no quedan atrás restos ni pertenencias. Lo único que pueden hacer las familias, por ahora, es esperar.

Y eso hace Olga Ovechkina mientras señala que su hijo trató de convencerla para que se uniera al viaje. "Ahora sé que si tu hijo te llama, debes ir", dice con voz suave.

 

Perspectiva Ciudadana