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Alfredo Núñez Fernández
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Domingo, 23 de Junio de 2013
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“Las manifestaciones pacíficas de jóvenes son legítimas y propias de la democracia”                    - Dilma Rousseff, Presidenta de Brasil.  

Durante los últimos veinte años Brasil se ha convertido en la sexta potencia mundial, sirviendo de estandarte para el resto de las naciones del continente gracias a una economía en pleno crecimiento, millones de pobres que han pasado a ser clase media y acceso universal a los servicios de salud. El modelo de desarrollo brasilero que tantas luces ha brindando en las últimas dos décadas, pareciera que se ha agotado ante las recientes multitudinarias protestas en todo el territorio nacional.

Más de 300.000 personas reclamando en las calles, actos vandálicos, represión policial, violencia, gases lacrimógenos, disparos de balas de goma, heridos y arrestos… parecen imágenes salidas de una película de Hollywood retratando la cruda realidad de un país del tercer mundo, pero no; es la situación que se está viviendo en la Brasil que por tantos años sirvió de inspiración para el resto de países. ¿La razón?, el aumento de veinte céntimos de real al precio del pasaje del transporte público. 

Pero vámonos más profundo, ¿Qué ha provocado el levantamiento del pueblo, ante un gobierno que goza del 75% de popularidad?, el aumento del pasaje fue solo el chispazo que inicio una revolución ciudadana que ya se ha visto en otras grandes ciudades del mundo, como fue la primavera árabe y las revueltas europeas. En el caso brasileño, el pueblo agradecido de Lula y Rousseff que le han ayudado a convertirse en clase media, que le han brindado educación y acceso a la salud; es el mismo pueblo que hoy les exige mayor equidad social, mayor justicia económica, menos corrupción y control en el gasto público.

La juventud ha sabido motorizar gracias al apoyo de las redes sociales las molestias de los ciudadanos. Una juventud carente de la experiencia de modelos dictatoriales, abogan no un cambio político como ocurrió en los países árabes, sino un mayor espacio democrático, mayor calidad de vida. El pueblo quiere ser protagonista de los cambios, en vez de mero actor secundario.

Para lograr su objetivo, la nueva ola de indignados brasileños debe ser perfeccionada, dejar atrás el vandalismo y apuntar por propuestas para cambiar el status quo, en especial para ganar la atención de los políticos y bajarle las garras a una policía experta en represión graduada en las difíciles favelas cariocas. El tiempo definirá si estamos ante una toma de conciencia ciudadana o si ha habido patrocinio político de la oposición. ¿Qué opinan ustedes?

Perspectiva Ciudadana