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Alfredo Núñez Fernández
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Domingo, 25 de Agosto de 2013
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Desde el 2010 el mundo árabe se lanzó a la calles a reclamar una mejoría de las condiciones políticas, sociales y económicas. El pueblo hastiado sufrió represión, apresamientos y un rio de sangre provocado por unas despóticas autoridades. Pero la voz se escuchó y países de corte dictatorial como Egipto lograron derrocar a la dictadura de 30 años del militar Hosni Mubarak, abriendo las puertas a la democracia.

En este golpe de timón político, salió electo presidente en junio 2012 el ingeniero Mohamed Morsi de la organización islamita “Hermanos Musulmanes”, pero las dificultades socioeconómicas del momento pronto desollaron el apoyo de sus conciudadanos; sumándosele a esto las críticas hacia una nueva ley que le otorgaba nuevos poderes e inmunidad al presidente, lo que la oposición aprovechó para acusarlo de dictador, desatándose nuevas reyertas populares que generaron un golpe de estado el 3 de julio de este año.

El poder lo asumió el General Abdul Fatah Al-Sisi, quien trazó una carta de ruta con miembros de la oposición donde se decidió la suspensión de la constitución y un llamado para realizar nuevas elecciones… pero como en todo país donde la verdadera democracia es un anhelo más que una realidad, el general ha hecho caso omiso, y el precio que ha pagado el país ha sido carísimo.

Desde hace varias semanas la violencia se ha desatado en las principales ciudades del país por motivo de los enfrentamientos entre los militares y los simpatizantes del depuesto presidente Mohamed Morsi. A tal punto ha llegado la situación, que cifras preliminares señalan que más de mil personas han perdido la vida.    

Mientras tanto la comunidad internacional un tanto distante. Estados Unidos condena la violencia de los militares sobre el pueblo egipcio, pero sigue el suministro de apoyo a las fuerzas armadas valorado en más de 1.300 millones de dólares al año. ¿Por qué? Intereses norteamericanos; resulta que apoyando a las FFAA egipcias, EEUU compra su libre acceso al Canal de Suez y al espacio aéreo egipcio.  

Decidir cuál es el mejor camino para Egipto no es fácil. Tanto del lado militar como del lado de los “Hermanos Musulmanes” hay extremistas, y ese camino podría desembocar en una guerra civil al estilo de Siria, por eso es necesario apuntar a los más moderados de ambos lados para ponerle fin a estos días trágicos.

El futuro de Egipto está en juego: podrían regresar a una dictadura militar donde los derechos civiles son eliminados por una profunda represión de las fuerzas del orden o reabrir el camino a la democracia a base de mucha sangre del pueblo... ¿Qué opinan ustedes?                                                                                                                                                                                                       

Perspectiva Ciudadana